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Reflexiones mundialistas

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Se presentaron suficientes hechos en el Mundial para empezar, y antes de concluir el mismo, a reflexionar sobre los mismos.

En primer lugar, las fallas de apreciación en los arbitrajes derivan una vez más en la necesidad de buscar ayudas tecnológicas, a las cuales fueron renuentes siempre los dueños de la Fifa y los viejitos de la International Board. Me parece que las equivocaciones en los fuera de lugar y en las abundantes manos, así como los agarrones en los tiros de esquina, deberán continuar siendo de la incumbencia del juez.

Pero para saber si el balón entró a la portería o traspasó la raya final hay dos caminos, que incluso ya habían sido mencionados por la misma Fifa: un chip en el balón para que los maderos de las porterías enciendan la alarma cuando el balón pase. Es pensar en como funcionan las famosas puertas detectoras de metales, tan de uso común en bancos y aeropuertos. Esa señal llegará al grupo arbitral.

La otra posibilidad está en aplicar el ensayo que se realizó, al colocar un juez al pie de cada portería, pues su visual y ubicación superan a la del central que viene corriendo y al auxiliar lateral bastante distante, unos 35 metros o más de la portería. Ese señor sí se da cuenta si el balón entró o no. Creo que ese ejercicio, quizá más barato que la inclusión del chip, sí serviría, porque dejar la averiguación en poder del llamado cuarto árbitro no garantiza nada y no todos los estadios y menos en todos los partidos de un campeonato existirá un set de cámaras de video suficientes.

Otro hecho está referido a cómo los países con fútbol ultradesarrollado, hablo de las famosas ligas europeas, donde los medios de comunicación suben al estrellato a determinados artistas, promotores del consumo a través de venta de camisetas y otros detalles, a sitios con piso falso. Lo que ocurrió con Messi, Drogba, Cristiano Ronaldo, Kaká, Rooney y otros más, demuestra que siendo buenos jugadores, no son las superestrellas de que tanto se habla. Son buenos jugadores, con buenos partidos, como en cualquier campeonato. La diferencia está en la maquinaria publicitaria.

Y, finalmente, los técnicos del mundo, los estudiosos, los trabajadores, estaban en ascuas por lo que venía realizando el folclórico Maradona. Si ganaba el Mundial, había que revisar los manuales de táctica y estrategia, porque nadie puede llamarse a engaño, Maradona fue un gran jugador y ganador con los guayos puestos, después su vida truculenta lo llevaba al olvido. De un momento a otro, sin mucho estudio, llegó a técnico por su nombre y sus jugadores casi lo salvan. Finalmente, quienes se salvaron fueron los técnicos de carrera.

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