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Innovación pobre

Rafael Orduz
05 de julio de 2010 – 07:35 p. m.

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A PROPÓSITO DE LOS RESULTADOS electorales, algunos han opinado acerca de sus preferencias entre supuestos hábitos paisas y bogotanos.

Que prefieren tal forma de decir las cosas, ciertos deportes de a pie sobre algunos ecuestres, o el talante distante, casi inglés, de los líderes del altiplano. Sin duda, discusión local tan ajena al mundo como la de cuál es el queso de yak de más proteínas, si el de Nepal o el del Tíbet.

Por fortuna para la concordia nacional y desgracia para el país, hay aspectos en los que no caben diferencias entre políticos de uno y otro lado. Entre ellos, el sincero desinterés por actividades que el mundo contemporáneo considera prioritarias, como aquellas que conducen a que las sociedades construyan capacidades de innovación que, finalmente, reviertan en la forma en que las sociedades se relacionan con los mercados internacionales.

La capacidad de innovar de un país requiere de alta calidad en los distintos tramos de la educación, compromiso de las empresas, las universidades y el gobierno, visión de largo plazo. En cuanto a los resultados de la innovación, el número de patentes concedidas es, en el mundo actual, indicador indispensable que refleja, además, otras dimensiones de la competitividad, como el nivel de calificación de la oferta laboral y el tipo de bienes y servicios que una nación exporta.

Nuevos productos, máquinas, herramientas, procedimientos o métodos son patentables. Los inventores, al buscar el título de protección, acuden a la oficina local (la SIC en Colombia). Si se busca incursionar en los mercados internacionales para la explotación económica de la invención, se hace la solicitud en otras: USPTO (EE.UU.), EPO (Europa), JPO (Japón), entre las destacadas.

Aunque hay nichos colombianos de investigación y desarrollo que llenan de orgullo (un puñado de centros de investigación en algunas pocas universidades y otros independientes, y un reducido número de empresas), los resultados para el país, en conjunto, son de una pobreza abrumadora.

Ante la SIC, residentes colombianos presentaron 534 solicitudes entre 2004 y 2008. En ese período fueron concedidas 70.

Entre 2004 y 2008, hubo en la USPTO 140 solicitudes de patentes de colombianos y fueron otorgadas 37. El año pasado fueron concedidas siete patentes a Colombia (Chile obtuvo 21; España, 317; Corea del Sur, 8.762). Ante la EPO, entre 2004 y 2008, se solicitaron 22 y se concedieron 5. En la oficina japonesa (JPO) hubo nueve solicitudes y una patente concedida (Observ. CyT, Col, 2009).

Detrás está la pobreza en la inversión en ciencia y tecnología (0.39% del PIB) y en investigación y desarrollo (0.16%) que realiza el país. Rezagada aun en América Latina, Colombia parece condenada a que el grueso de los productos de exportación sigan siendo los mismos primarios, sin valor agregado, por ausencia de investigación y desarrollo.

Mientras Colombia no se decida a invertir en el conocimiento, algunas alegrías estarán centradas en orgullos como el de producir sólo el 43% de la cocaína del mundo.

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