¿Oportunismo político o escasez de mermelada?

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La aprobación en primer debate en la Cámara de Representantes de la propuesta de unificar los períodos para quienes fueron elegidos alcaldes y gobernadores y prorrogar por dos años la permanencia en los cargos ha generado un fuerte debate. Los que defienden la medida afirman que esto permitirá una mayor coordinación entre el Plan Nacional de Desarrollo y los de los municipios y departamentos. Adicionalmente, que realizar las elecciones el mismo día implicaría disminuir significativamente los costos de los procesos electorales. Quienes se han opuesto argumentan, con razón, que sería un retroceso frente a los avances de la descentralización, que debilitaría la autonomía y la democracia locales y, sobre todo, que frenaría la posibilidad de una renovación política y la llegada al poder de sectores políticos diferentes a los que tradicionalmente han dominado la política y las estructuras de poder territoriales. El temor de quienes han secundado las propuestas se sustentaría en el surgimiento y fortalecimiento de fuerzas políticas nuevas, tanto en el ámbito nacional como regional, que se evidenció en las recientes elecciones presidenciales.

Como si esto fuera poco, otros congresistas plantearon medidas alternativas o complementarias. El senador Álvaro Uribe, posiblemente rememorando con nostalgia las movidas que le permitieron su propia reelección, propuso reelegir a los mandatarios locales en lugar de prorrogar sus mandatos. Y como si esto fuera poco, el presidente del Congreso, al mejor estilo de su mentor y eterno presidente, sugirió que el presidente Duque permaneciera en su cargo un año más, y así lograr la unificación de períodos.

Al poco tiempo de conocerse estas propuestas, el primer mandatario y su vicepresidenta expresaron su desacuerdo, y varios congresistas del Centro Democrático los secundaron. Coincidieron con otros críticos en el sentido de que ellos fueron elegidos por cuatro años y que no se podía contravenir la voluntad expresada en las urnas por los ciudadanos. A pesar de esto, la unificación de elecciones ya fue aprobada en la Comisión Primera de la Cámara.

El aparente desorden y la falta de disciplina de algunas de las bancadas en el Congreso, entre ellas la del Centro Democrático, se han justificado con el argumento de que esto es parte del ejercicio democrático de debatir y disentir. Sin embargo, llama la atención que no se cumplan los compromisos adquiridos ni los acuerdos suscritos entre el Gobierno y representantes de los partidos, en especial los que tienen que ver con los proyectos anticorrupción. Por ejemplo, que no se haya enviado mensaje de urgencia para priorizar los debates de los proyectos anticorrupción o la no aprobación en la Cámara de la limitación a tres períodos en la reelección de los congresistas. Indicios claros de que lo que les interesa es que no cambie nada.

Los colombianos debemos preguntarnos qué está pasando. ¿Donde está la voluntad política del Gobierno y de los congresistas que lo apoyan para que las intenciones y promesas de reformar la política y combatir la corrupción se traduzcan en hechos? ¿Será oportunismo político o falta de mermelada?

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