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Después de que Álvaro Uribe celebrara, a espaldas de los colombianos, el agresivo discurso de su subalterno Ernesto Macías durante la posesión de Iván Duque, y de que en ese mismo momento —revelado a la opinión mediante un video espectacular de Noticias Uno— el expresidente se alegrara de que Duque no mencionara, en el suyo, la consulta anticorrupción que antes había apoyado en el Senado; después de las 16 condecoraciones de vergüenza que recibió Macías en Neiva con la participación de la plana mayor del partido que los cobija; después de la “ceremonia” de entrega de las medallas, bandas, pergaminos, placas etc., y de que esta fuera interrumpida por el propio Uribe quien quería inmortalizar el evento con fotos que tomaba, todo tierno, con su teléfono móvil, no cabe duda de que una coma que Macías ponga o una palabra que diga son ordenadas por el exjefe de Estado.
El nuevo “articulito” que Macías propone cambiarle a la Constitución para concederle un año adicional a su copartidario cuando este todavía no cumple 100 días de gobierno es jugada típica de la voracidad de poder que consume al suprapresidente, voracidad que lo ha llevado a extralimitarse en sus actos como ningún demócrata auténtico lo haría. Por ejemplo, cuando, a pocos meses de su administración de 2002, su círculo empezó a ambientar la idea, increíble entonces, de introducir una reforma a la Carta para que el mandatario en ejercicio pudiera ser reelegido. Un primer intento camuflado en una reforma política que sus congresistas patinaban en el Capitolio, en octubre de 2003, fracasó más por la mezcla de temas y por tanto de intereses, que por respeto a la normatividad. Un segundo intento, tres meses después, corrió por cuenta de la embajadora en España, Noemí Sanín, quien revivió la violación constitucional saliendo de una visita a su jefe, en la Casa de Nariño. En obvio mandado, dijo: “Analicemos la posibilidad de la reelección del presidente o la ampliación de su periodo”. Aumentar de cuatro a seis años la administración Uribe fue la propuesta inicial de Sanín, supongo, para minimizar el rechazo de las fuerzas políticas defensoras de la institucionalidad. La embajadora trató de justificar su penosa idea: “quiero hacerles una pregunta a los colombianos: si el gobierno va bien y si llevamos un año y medio, pero eventualmente necesitamos más de cuatro años, ¿por qué no planteamos la posibilidad de hacer una reforma?”. El objetivo, explicó Sanín, era incrementar dos años la administración, de cuatro a seis.
Después, pasó lo que pasó: voló “mermelada” en el Congreso y pese a ello, cuando la aprobación de la reelección estaba a punto de fracasar, apareció Yidis Medina, una advenediza a quien no le habían comprado su voto en la Cámara. Pero lo hicieron. Por esta precisa razón, fueron condenados dos exministros, el secretario general de Presidencia y varios parlamentarios. Pero, gran paradoja, el beneficiario del delito electoral obtuvo y mantuvo su segundo gobierno, de 2006 a 2010. Hoy, el mandadero Macías suelta una frase al desgaire y sin decirle “a nadie”, según afirmó, propone aumentarle un año al gobierno Duque. No, dirán algunos: esa probabilidad está muerta porque el presidente la desechó desde Roma y la vicepresidenta desde Bogotá. Pues bien, de acuerdo con una nota de El Tiempo (“¿Qué busca Macías al proponer ampliar el periodo de Duque?”), el expresidente beneficiario de la figura de la repetición de su mandato “propuso, la semana pasada, que en vez de prorrogar los periodos de los actuales mandatarios (locales regionales) se les apruebe su reelección inmediata”. No hay que ser un genio de la interpretación política para comprender por dónde va el agua al molino: Uribe aprovecha el río revuelto del jugoso propósito de ampliar los periodos de los actuales alcaldes y gobernadores que, por supuesto, contará con el apoyo político de estos y de su red de congresistas; lanza, mediante Macías, el anzuelo de la ampliación del periodo de Duque y por ahí terminamos embarcados en otra reelección, desechada en buena hora por Santos. ¡¿Avivatos, no?! Hubo conato de engaño en 2003; hubo engaño, en 2004; tuvimos gobierno ilegítimo porque se logró con votos comprados, de 2006 a 2010 ¿Van a volver a cambiar la voluntad popular que eligió por 4 y no por 5 ni por 6 u 8 años a sus gobernantes locales y nacionales? Al perro no lo inhabilitan dos veces.