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Hace algunos días me declaraba optimista sobre el futuro del euro.
Esperaba que funcionaran a derechas los remedios financieros aprobados por el Fondo Monetario Internacional, del Banco Central Europeo, por Alemania y por los propios gobiernos de los descuadernados PIIGS, sigla formada por la letra inicial en inglés de Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España.
Pero después de leer a algunos expertos, hallé la opinión de George Freedman, reconocido intelectual estadounidense y director de Stratfor, quien pone en duda la existencia futura de un euro sin que exista previamente una unión política que pueda controlar los presupuestos populistas de algunos de sus países miembros. Dicha existencia futura la limita el experto citado para un lapso de tiempo cercano a dos o tres años.
Es decir, mientras existan miembros de la Unión Europea -UE- tan grandes como Alemania y tan insignificantes como Portugal, incumpliendo abiertamente las reglas financieras o, peor aún, mintiendo y falsificando las cifras, como ocurría con Grecia, el euro no tendrá futuro en el largo plazo.
Sostiene él que una moneda común es la manifestación política de la existencia de un sistema. Y tal sistema no parece ser viable entre países soberanos. De no ser así, se debe hablar más bien de una unión aduanera con una moneda común, la cual se predice que será cada vez menos común.
Porque Angela Merkel, la Canciller de Alemania, ya lo advirtió. Alemania permanecerá en la Unión si ello representa ventajas comerciales para ella. Pero se retirará, si la idea radica en poner a los alemanes a cargar con los deficitarios e incompetentes gobiernos de otros países miembros. Se duda de la capacidad de los franceses solos para liderar la UE sin la participación de los alemanes.
El autor de esta nota observa que el declive de algunos países de la UE proviene de los desmesurados excesos de sus gobiernos socialistas, por culpa de su insostenible Estado de Bienestar, con su empleo protegido, con la seguridad social elevada y generalizada, con pensiones de jubilación y seguros de desempleo para todos. Ninguna moneda puede funcionar así ni en una modesta unión aduanera.
Advierte Freedman que lo peor que le puede llegar a pasar a la UE es que Alemania acelere una integración comercial con Rusia, porque sí existen algunas razones o sinergias para promoverla. Por ejemplo, la energía de los alemanes proviene de Rusia y, a su vez, Rusia necesita la tecnología alemana. La población de Alemania está avejentada y la de Rusia es algo más joven. No pocas fábricas podría trasladarse a Rusia. Y, para terminar, tanto a Alemania como Rusia les agradaría un tratado celebrado entre sí sin la participación de los Estados Unidos, y esto ya se ha comenzado a esbozar, concluye Freedman.