El triunfo del diálogo

18 de diciembre de 2018 – 12:00 a. m.
El pacto es un reconocimiento de la protesta como un derecho fundamental y de que todavía falta mucho por hacer para apostarle de lleno a la educación pública. / Foto: Cortesía Presidencia
El pacto es un reconocimiento de la protesta como un derecho fundamental y de que todavía falta mucho por hacer para apostarle de lleno a la educación pública. / Foto: Cortesía Presidencia

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El pacto por la educación que se consiguió entre los estudiantes, profesores y el Gobierno es una excelente noticia. Las concesiones hechas por el Ejecutivo demuestran no solo su buena voluntad, sino que la presión de las manifestaciones estudiantiles estuvo acompañada de una estrategia de negociación efectiva y provechosa para el país. Es momento de levantar el paro y seguir construyendo consensos sobre el tema.

Hay que reconocer la labor de los muchachos en todo el país. Su vehemencia, creatividad y compromiso incansable lograron romper con la estigmatización y convencieron al Gobierno de la necesidad de sentarse con ellos. Una vez obtuvieron un asiento en la mesa, demostraron que tenían propuestas concretas y disposición al diálogo. De nada hubieran servido las manifestaciones si la posición adoptada durante las negociaciones se dejaba influenciar por los radicalismos.

No fue un camino fácil. Las 13 marchas multitudinarias que se hicieron en estos dos meses de paro estuvieron acompañadas de disturbios, vandalismo, enfrentamientos con el Esmad y estigmatización de parte y parte. Esteban Mosquera, estudiante de la Universidad del Cauca, perdió un ojo después de un enfrentamiento con las autoridades. La mesa estaba servida para que se cerrara el diálogo y no se llegase a un acuerdo.

Pero, por fortuna, los líderes estudiantiles supieron desmarcarse de los violentos, recalcaron que la mayoría de los participantes eran pacíficos y que sus reclamos no perdían vigencia por los disturbios.

También hay que celebrar que la ministra de Educación, María Victoria Angulo, y el presidente de la República, Iván Duque, decidieran adoptar los diálogos como el mecanismo adecuado para solucionar la situación. Aunque hubo varias declaraciones desafortunadas y se perdió tiempo indebidamente, este es el tipo de actos que se deben respaldar. El Gobierno debe seguir sentándose a hablar con la ciudadanía. Así se alcanza la unidad.

Se equivocan las voces que critican al presidente por, supuestamente, haber cedido ante la violencia. Eso no ocurrió. El Gobierno reconoció la manifestación multitudinaria y pacífica de los estudiantes y los profesores. El pacto no es un premio a los violentos; es un reconocimiento de la protesta como un derecho fundamental y de que todavía falta mucho por hacer para apostarle de lleno a la educación pública.

En plata blanca, el acuerdo consiguió aumentar el presupuesto del cuatrienio para el fortalecimiento de la educación superior pública en más de $4,5 billones. De esos recursos, $1,34 billones se destinarán a la base de las instituciones de educación superior públicas. Además, se pactó cambiar la manera de aumentar esos recursos, pues irá muy por encima de la inflación anual. El Gobierno también anunció la instalación de mesas para reformar la Ley 30 y el Icetex, dos pendientes históricos. Esperamos que no se pierda el impulso.

Solo queda que los estudiantes de las distintas universidades decidan levantar el paro. Nos parece que, con lo conseguido, deberían hacerlo. Terminamos el año con una excelente noticia para la educación.

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