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He tenido la oportunidad de trabajar en dos mundos laborales de forma paralela. A los 23 años llegué a Alemania con la intensión de aprender alemán y conocer otra cultura. Hoy, 20 años después, estoy establecida en este país y no solo aprendí de la cultura sino también soy parte de ella. A la vez he trabajado con mi hermana para proyectos de consultoría en Colombia de forma virtual en los últimos 10 años. En este texto quiero mostrar mis impresiones de mis dos mundos laborales.
Los proyectos de consultoría en Colombia se han desarrollado principalmente para instituciones estatales, departamentales o municipales, y en Alemania trabajo desde hace cinco años para una ciudad como coordinadora de sistemas de información geográfica y los años anteriores trabajé para una universidad.
Los proyectos de consultoría en Colombia generalmente comprenden periodos de tiempo de algunos pocos meses pero con alcances monumentales, además de contar con estructuras jerárquicas de directores, subdirectores, asesores, interventores, coordinadores, contratistas, subcontratistas y en el último eslabón de la cadena se encuentran los profesionales, quienes no solo tienen que cumplir con el mamut de actividades definidas en el alcance del contrato, sino también tienen que lidiar con redactar oficios, actas, protocolos, llenar formularios, listas de chequeos, reuniones semanales, radicaciones, informes semanales y mensuales, documentos que se van trasladando de forma ascendente a los superiores de la pirámide empinada.
En la ciudad alemana donde trabajo, la cual tiene 23 caracteres en su nombre: Leinfelden-Echterdingen, las unidades de tiempo para los proyectos se miden en años o décadas. Si en un año no se alcanzó a cumplir con la tarea, no hay problemas, pues en el año siguiente se puede continuar. El tiempo va lento pero seguro. El tiempo está ahí, él no se acaba. No tengo la presión de los superiores, quienes confían en mis cualificaciones, y si hay comentarios, estos se hacen con una comunicación amable de tú a tú (auf Augenhöhe).
En uno de los proyectos para Colombia se generaron siete prórrogas y un permanente cambio de interventores. Después de la supuesta fecha de terminación del contrato solo quedaban profesionales frustrados y reventados. Por supuesto, el presupuesto se hubiera podido distribuir en muchos más meses.
Para un proyecto en mi trabajo en Alemania le solicité un requerimiento a una empresa contratista, que nunca me dio una fecha de entrega del producto. Su respuesta fue siempre: la entrega se hace en el momento que el producto esté listo. Pasaron varios años, hasta que llegó el esperado producto y superó mis expectativas. La calidad era intachable. Tiempo y calidad van de la mano. Las ideas se maduraron con el tiempo.
Mis impresiones son una versión reducida de dos mundos laborales, pero quiero enfatizar con estas anécdotas cómo las dimensiones de unidad de tiempo y jerarquías influyen drásticamente en el éxito de los proyectos e incluso en la calidad de vida de los profesionales. Jerarquías planas y tiempos de proyectos a largo plazo ayudan a que los profesionales sientan que su labor contribuye a un desarrollo sostenible de la sociedad. ¡El tiempo no se acaba, él está siempre ahí!
Ángela Blanco-Vogt. Leinfelden-Echterdingen.
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