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El gobierno de facto de Honduras, encabezado por Roberto Micheletti, empieza a dar señales de cordura. Luego de someter al país al aislamiento —ordenó el cierre de los cuatro aeropuertos y declaró el toque de queda— decidió que era hora de regresar a la normalidad. Aunque la situación que generó estas medidas extremas no ha cambiado —el presidente derrocado Manuel Zelaya continúa refugiado en la embajada de Brasil en Tegucigalpa— Micheletti levantó las restricciones.
“Debieron morir dos personas para que Micheletti entrara en razón”, se quejaban manifestantes. Lo dicen porque el miércoles, durante unas pocas horas, los hondureños pudieron salir a la calle para abastecerse con productos de primera necesidad, pero muchos supermercados estaban cerrados. Por ello se desencadenaron disturbios entre los ciudadanos hambrientos y las fuerzas del orden. Como consecuencia, dos hombres murieron.
Ante esta grave situación, la comunidad internacional invitó a las dos partes a conversar. Ayer, en una muestra de disposición política, Micheletti y Zelaya cedieron en algunos puntos y se declararon dispuestos a buscar una solución. El mandatario depuesto aseguró que “ya comenzó el diálogo entre diferentes sectores para salir de la crisis”, explicó al canal local 36 tras reunirse con el obispo auxiliar de Tegucigalpa, Juan José Pineda.
¿Quién fue?
En medio de este pulso, altas fuentes del gobierno brasileño acusaron al presidente Hugo Chávez de orquestar el plan de retorno de Zelaya a Honduras. Asesores del presidente Luiz Inácio Lula da Silva y de la Cancillería consultados por el diario O Estado de Saõ Paulo apuntaron que la “infraestructura, la logística y la orientación para buscar específicamente la embajada brasileña para el retorno clandestino de Zelaya fue preparada por Chávez”.
Las palabras del presidente Hugo Chávez en Nueva York parecerían confirmar estas sospechas. El venezolano aseguró que llamó a Evo Morales y le dijo “nos vamos a Nueva York con Zelaya”. Según su relato, “el avión despegó, seguido por el satélite del Pentágono, pero Zelaya desapareció en un punto intermedio”.