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La salud sin fondo

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Los discursos de graduación de las universidades más prestigiosas del mundo suelen convertirse en piezas memorables, como el que pronunció a principios de junio en la Escuela de Medicina de Stanford, Atul Gawande, médico y escritor, quien fue consejero del presidente Clinton y es actualmente director de una de las campañas de la Organización Mundial de la Salud.

El mensaje de Gawande a los graduandos es una reflexión acerca del ejercicio de la medicina en el mundo moderno y de los costos del sistema de salud, cuyo presupuesto tendría que doblarse en los próximos años para mantener al menos su actual nivel de cobertura. Simplemente, es imposible y el intento puede a llevar a la quiebra a la economía misma de los Estados Unidos. No es sólo un problema económico, se trata de un asunto que tiene sus raíces en la complejidad científica. Se tienen identificadas 13.600 enfermedades. Para el efecto existen más de 6.000 drogas y 4.000 procedimientos médicos y quirúrgicos, cada vez más complejos y costosos.

En Colombia, después del penoso trámite que le dio el gobierno a la emergencia social, la semana pasada el Congreso aprobó la ley de medidas tributarias para enfrentar el enorme déficit que afronta de salud. Se espera recaudar 3.5 billones de pesos producto de los impuestos al consumo de cigarrillo, cerveza, licores y los juegos de suerte y azar. Es un pañito de agua tibia. Los recursos nunca van a alcanzar.

Recordemos la sentencia T-760 de 2008 de la Corte Constitucional (¡411 páginas!) que ordena adoptar medidas para que progresivamente se alcance la cobertura universal del sistema antes de enero de 2010. La orden resulta tan desproporcionada como incumplida.

Como en el régimen pensional, en el tema de la salud los ciudadanos en casi todas las partes del mundo sentimos que el Estado nos está mintiendo. Mi generación ya perdió la esperanza de jubilarse con una pensión decente y todos tenemos la certeza de que lo que aportamos en salud, nunca será proporcional, al desden con que se suele tratar a los pacientes que provienen de una EPS o, aún de una prepagada. A abrigarse, pues.

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