Fue un año difícil y esperanzador

Termina el 2018 y las noticias trágicas no dan tregua. El asesinato de dos líderes sociales en San Vicente del Caguán; el atroz crimen contra el niño de siete años Hans Tafur, en Samaná, y las denuncias de violencia sexual de una teniente de la Policía, que fueron ignoradas por esa institución, son constantes recordatorios de todos los asuntos pendientes que tiene Colombia. En efecto, fue un año muy difícil, aunque hay varios aspectos que producen esperanza.

30 de diciembre de 2018 – 12:00 a. m.

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Toda la primera mitad del año estuvo dominada por las contiendas electorales al Congreso y la Presidencia. En ellas se pudo ver uno de los principales motivos para creer que algo está cambiando en el país. La participación masiva de colombianos, la reducción de las fuerzas clientelistas y el fortalecimiento de partidos construidos sobre ideas y personas, no sobre feudos electorales, son señales de una ciudadanía más involucrada y comprometida a erradicar la corrupción.

Las votaciones masivas e históricas que recibieron Álvaro Uribe Vélez y Antanas Mockus al ser elegidos para el Senado, como representantes de movimientos con claras posturas ideológicas, nos parecen evidencia de que los colombianos están sedientos de opciones electorales con programas claros.

Además, la votación de la segunda vuelta a la Presidencia, que llevó a la Casa de Nariño al presidente Iván Duque y consolidó a Gustavo Petro como una voz potente en la oposición, más allá de mostrar un país dividido —hecho que no puede ignorarse—, comprobó la tesis de que, con las Farc desmovilizadas, los debates políticos podrían centrarse en temas estructurales del país.

Finalmente, la consulta anticorrupción, que se acercó sorpresivamente a los 12 millones de votos, confirmó que Colombia tiene un electorado despierto y vigilante. Esperamos que esa tendencia continúe en las elecciones de gobernadores y alcaldes en el 2019.

Contrastando lo anterior, el populismo, el radicalismo y la violencia siguieron asomando su rostro.

La xenofobia contra los migrantes venezolanos, que siguen y seguirán llegando en masa a Colombia por culpa del régimen despótico, va en crecimiento, mientras el Gobierno Nacional y las entidades territoriales siguen sin ofrecer respuestas integrales.

El asesinato de líderes sociales sigue su tenebroso goteo. Ni el gobierno de Juan Manuel Santos, ni el del presidente Iván Duque han demostrado poder detenerlo y siguen obsesionados con desmentir la “sistematicidad”.

Los cultivos de hoja de coca continúan disparados, el Estado no ha podido ocupar varios espacios que dejaron las Farc, los procesos de sustitución voluntaria están plagados de obstáculos y todo esto se combina para aumentar la violencia.

La violencia sexual sigue sin tener freno. Colombia termina este año con 19.193 casos, de los cuales la abrumadora mayoría quedarán impunes. El debate sobre cómo combatir el acoso sexual en las universidades y los espacios de trabajo sigue estéril por la falta de voluntad del Ministerio de Educación, las instituciones educativas y los empresarios de darle la atención que merece. Hay, además, un preocupante movimiento en la opinión pública que busca restarles importancia a estos temas.

Es difícil pensar que el 2019 será muy distinto, con todas las herencias que nos deja este año. Pero, creemos, si el país les sigue apostando a la paz y a la democracia activa, no es injustificado sentir esperanza.

¿Está en desacuerdo con este editorial? Envíe su antieditorial de 500 palabras a yosoyespectador@gmail.com.

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