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Elegir entre dos modelos de desarrollo

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EL ÉNFASIS EN LAS CONDICIONES personales de los candidatos y en sus coaliciones no está dejando ver que lo que está en juego el próximo domingo son dos modelos de desarrollo muy distintos.

Más allá de diferencias puntuales en materia de corrupción, impuestos, Hugo Chávez o derechos humanos, los conceptos de continuismo y legalidad encierran dos concepciones sobre el mejor camino para sacar a Colombia del atraso.

Sin embargo, existe la percepción de que las diferencias entre Santos y Mockus se reducen al tema de la lucha contra la corrupción y que ambos comparten una filosofía neoliberal. Eso se explica porque el debate no ha estado enfocado en los esquemas ideológicos clásicos de izquierda y derecha, quizás porque Mockus es ideológicamente moderado y de centro, y Santos, a pesar de impulsar la plataforma de extrema derecha de Álvaro Uribe, no es dogmático y tiene un origen liberal. Y porque ambos candidatos tienen que cortejar un electorado mayoritario derechizado: el uribista.

Santos cree firmemente que el modelo actual, basado en mejorar la seguridad al fortalecer la autoridad, mantener los atractivos para los inversionistas y construir un Estado paternalista, es el camino hacia el crecimiento. Mockus cree que el camino del desarrollo empieza por crear una sociedad civilizada que reduzca su adicción a la ilegalidad, mejore radicalmente su educación y recupere el control democrático del aparato estatal. Santos considera que la competitividad depende de garantizarles a los inversionistas seguridad y tasas de impuestos competitivas, mientras que Mockus cree que a la inversión se le puede atraer con mejores niveles de justicia y desarrollo humano.

El primero cree que el pragmatismo debe ser la base de las decisiones de política pública, mientras que el segundo considera que son los principios, basados en el apego a la Constitución y a la ley, los que deben guiar la acción del Estado. Mockus le otorga un papel más importante a la gestión del Estado, por lo que propone aumentar las inversiones y servicios públicos a través del incremento de impuestos, mientras que Santos cree que eso frena la inversión privada y por ende las inversiones sociales no deben ser motor del crecimiento, sino resultado de éste. Por eso Santos mantiene intacto el credo reaganiano, mientras que Mockus comparte más la fórmula que predicó Santos cuando estuvo por fuera de los gobiernos: La Tercera Vía.

Pero la diferencia de fondo está en que Mockus cree que el supuesto “milagro” uribista es más una gran operación de propaganda, y considera que a la sociedad colombiana le falta ser más ambiciosa, porque sin cambios de fondo no es posible salir realmente del subdesarrollo. Santos es escéptico sobre la capacidad de cambio que tienen los pueblos, tanto los ciudadanos como la clase política, y se enfoca en aspectos puntuales que jalonen el progreso.

Pero mientras frente a Mockus no cabe la menor duda de que en el gobierno aplicaría al pie de la letra lo que ha planteado en campaña, frente a Santos hay una gran incógnita: una vez elegido continuará esclavo del dogmatismo uribista, o dejará salir el talante reformista y modernizante con el que se creía gobernaría si algún día llegaba a la presidencia.

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