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La gran final de la Copa Libertadores de América 2018 prometía ser histórica. El duelo Boca-River tenía todos los ingredientes para tener la mayor audiencia de todos los tiempos en el fútbol de clubes del continente.
Y lo ha conseguido. Han pasado ya 28 días desde que se conoció que los dos equipos más grandes de Argentina disputarían la Copa y el tema se ha robado todas las portadas y los titulares de la prensa. Y eso que apenas se pudo jugar el partido de ida, que terminó 2-2 en La Bombonera.
La vuelta, que se realizaría el sábado en el estadio Monumental, no se pudo jugar por las agresiones al bus de los xeneizes a las afueras del escenario. Y cual novela venezolana, colombiana o mexicana, se ha ido alargando. Día a día aparecen más ingredientes que enredan la trama y cuando parece que llega el final, todo se vuelve a complicar.
Del sábado, la final se aplazó para el domingo. Después se suspendió indefinidamente. El martes en Luque (Paraguay), en la sede de la Confederación Suramericana de Fútbol (Conmebol), esa entidad anunció que el juego se disputará entre el 8 y el 9 de diciembre, en una fecha y horario por definir, eso sí, a la espera de la decisión del Tribunal de Disciplina de la rectora del fútbol continental, que anoche definía la demanda de Boca Juniors, que pide que se le otorguen los puntos y el título por falta de garantías para jugar. Quedó claro que el duelo será fuera de Argentina y con hinchas.
Conmebol y River están de acuerdo con que la final de vuelta se dispute, pero Boca Juniors insiste en no hacerlo y en llevar el caso incluso hasta el TAS (Tribunal de Arbitraje del Deporte), la máxima instancia de este tipo, proceso que podría demorar algunos días e incluso semanas.
Este martes, el presidente de la entidad azul y oro, Daniel Angelici, ratificó que no está en los planes de su club jugar: “Vamos a agotar todas las instancias administrativas y si tenemos que ir al TAS lo haremos. No hubiera firmado la demanda si no estuviera convencido de que tenemos los elementos suficientes para ganarla”.
River, que a través de su máximo dirigente, Rodolfo D’Onofrio, había solicitado que el partido se disputara el 8 de diciembre en el Monumental, ante sus hinchas, sería multado y perdería la localía, un daño relativamente menor para la gravedad de los incidentes.
El 14 de mayo de 2015, en la vuelta de la semifinal de la Libertadores, los jugadores de River fueron atacados con gas pimienta en La Bombonera, durante el entretiempo, cuando iban 0-0. El juego de ida lo habían ganado 1-0 como locales. En esa oportunidad Conmebol suspendió el partido y le dio los puntos a River, que es a lo que aspira Boca ahora.
Futbolísticamente, los millonarios son favoritos porque están en un mejor momento que sus rivales. De hecho, hoy juegan contra Gimnasia y Esgrima de La Plata la primera semifinal de la Copa Argentina, torneo del que es bicampeón y que otorga un cupo para la Libertadores de 2019.
Y a pesar de que muchas ciudades de América, entre ellas Medellín, se han ofrecido para acoger el River-Boca, la verdad es que cada vez parece más improbable que se realice. Los protagonistas de este novelón generan amores y odios, en horas pasan de malos a buenos y acuden a todo tipo de artimañas y cuestiones legales para salirse con la suya.
En eso está hoy el fútbol suramericano, su desorden y falta de autoridad. Y el River-Boca que sigue en continuará…