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Apenas Conmebol anunció que el juego de vuelta de la final de la Copa Libertadores, entre River Plate y Boca Juniors no se jugará en Argentina, empezó una carrera entre varias ciudades por acoger el que para muchos es el encuentro del momento por todo lo que ha sucedido en estos días.
A la espera de que se el Tribunal Disciplinario del ente rector del fútbol suramericano defina si descalifica al cuadro Millonario o, por el contrario, da aval para que se dispute el partido, ya son varias las ciudades del continente que se han ofrecido para albergar dicho duelo. Primero fue Asunción, la capital paraguaya y donde este martes fue la reunión entre los presidente de River y Boca y el de la Conmebol.
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Minutos después Federico Gutiérrez, alcalde de Medellín, comunicó a través de su cuenta de Twitter que la capital antioqueña estaba en condiciones de ser sede del partido.