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LOS DOS CANDIDATOS PRESIDENciales que triunfaron en la primera vuelta, Juan Manuel Santos y Antanas Mockus, se comprometieron, en público y en muchas ocasiones, a apoyar la reducción de las disparidades económicas entre las regiones.
También se comprometieron a apoyar la regionalización del país, y a sacar adelante la Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial (LOOT), que les permitiría a regiones como la Costa Caribe organizarse como entidades territoriales.
El mecanismo específico que acogen ambos candidatos para la reducción de las desigualdades regionales es la creación del Fondo de Compensación Regional, por medio del cual se fortalecerían las finanzas públicas de la periferia colombiana (departamentos de la Costa Caribe, Amazonia, Orinoquia, Norte de Santander, Chocó, Cauca, Nariño, más los municipios de Buenaventura y del Caribe antioqueño).
La expectativa de los costeños es que, gane quien gane, dos de sus más sentidas propuestas regionales serán, al fin, una realidad. Sin embargo, aun sin haberse realizado las elecciones del 20 de junio, ya empiezan a aparecer los primeros nubarrones en el horizonte. He escuchado en varias ocasiones que algunos integrantes de los equipos económicos de los candidatos ya empiezan a esgrimir los mismos lugares comunes que han permitido que durante años la Región Caribe, y en general toda la periferia, sea maltratada por las políticas económicas nacionales. Los supuestos argumentos en contra de las políticas económicas regionales son sólo lugares comunes sin solidez empírica o lógica. Entre éstos están los siguientes: “a las regiones no les hacen falta más recursos públicos”, “las fuerzas del mercado por sí solas cerrarán las brechas”, “ante el déficit fiscal es necesario aplazar las peticiones de las regiones”.
Ojalá que con esto del Fondo de Compensación no nos vaya a suceder como le pasó al costeño que se murió y llegó primero al cielo. Allí lo recibió San Pedro y le mostró la gente sentada muy plácidamente en sus blancas nubes y oyendo música clásica, todos muy felices. San Pedro le advirtió que tenía la opción de escoger entre el cielo y el infierno, pero la decisión era irreversible. El recién fallecido fue a conocer el infierno, y allí lo recibió el diablo, todo de blanco, y lo dejó ver que la gente estaba en una playa de arena blanca y aguas cristalinas jugando dominó y tomando mojitos, mientras hermosas bañistas se bronceaban. Ante eso, el costeño subió donde San Pedro y le dijo: “Viejo man el cielo es muy bonito, pero lo mío es lo del infierno”. Cuando regresó al infierno para quedarse, lo que encontró fue un desolado paraje desértico, donde cuadrillas de famélicos trabajadores cargaban enormes piedras mientras los diablitos repartían latigazos. Ante esto, nuestro hombre le reclamó al diablo. “¿Ajá man y qué? Lo que tú me mostraste fue otra cosa”. El diablo le contestó: “Sí, pero era que estábamos en campaña”.
Entre algunos sectores del movimiento regional costeño he escuchado la idea de que si se incumple lo prometido a la Costa Caribe, lo que tocará hacer en el 2014 es apoyar a un candidato costeño y, si eso no es viable, entonces votar en blanco. El Caribe estará vigilante.