Bienvenidos al pasado

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El atroz asesinato de Génesis Rúa y el secuestro de Cristo José Contreras son tan solo dos de miles de casos en los que niños, niñas y adolescentes son víctimas de la violencia. Esto indica que estamos en una sociedad enferma, que exige acciones contundentes para atacar el problema de raíz. Se necesitan intervenciones integrales que aborden las causas, que permitan prevenirlas y eviten su reproducción.

Cada vez que se producen agresiones violentas como las señaladas, además del natural y necesario rechazo social, se reabre el debate sobre la pertinencia de establecer la cadena perpetua para quienes cometen estos actos atroces y no son pocos quienes proponen la pena de muerte. Cuando la impotencia parece imponerse, estas propuestas, bastante mediáticas, populares y de tintes populistas, suelen recibir amplio respaldo ciudadano, mientras los problemas persisten. Por eso es necesario evaluar su impacto antes de seguirlas promocionando como si fueran la panacea.

Con relación a la cadena perpetua, vale la pena preguntarse si una condena de 40 años, como la que recibió el asesino de Yuliana Samboní, no equivale en la práctica a una condena de por vida y, más importante, si esto ha sido un factor de disuasión para quienes han cometido actos similares. Pero también si la justicia ha sido eficaz, con las normas hoy existentes, para capturar y condenar a tantos criminales que han cometido delitos de esta naturaleza y andan por las calles. Las respuestas son que no. El camino no parece ser que se expidan más leyes, sino que las que hay se cumplan, comenzando por aquellas que protegen los derechos de los niños. Pero sobre todo entender que este, el de su cuidado y protección, es un asunto frente al cual la sociedad en su conjunto debe asumir responsabilidades.

Algo similar puede decirse de las propuestas para reducir el consumo de drogas mediante el decomiso de las dosis mínimas en lugares públicos. Luego de declarar que “la defensa de los derechos de la ciudadanía, de los niños y la protección del espacio público no tienen ni ideología ni color político”, el presidente Duque sancionó el decreto correspondiente. Si bien es popular y aparentemente no tiene color político, su efectividad para combatir el narcotráfico y ayudar a los adictos ha sido puesta en duda por especialistas nacionales e internacionales.

Mientras todo sucede, el presidente de la República y varios de sus ministros, la directora de Planeación Nacional, un expresidente y hoy senador —a quien el homenajeado se dirigía como “presidente”, como si aún ostentara esa dignidad—, el contralor general, congresistas, empresarios y dirigentes gremiales y autoridades eclesiásticas, entre otros, asistieron a un fastuoso homenaje al recién posesionado presidente del Senado, Ernesto Macías. No fue suficiente imponerle la Cruz de Boyacá, sino 15 condecoraciones más. Esto no pasaría de ser una anécdota tropical si no fuera porque denota una preocupante connivencia entre el Ejecutivo y el Congreso, en momentos en los que se comienzan a debatir proyectos de gran importancia, muchos de ellos de claro tinte retardatario. Bienvenidos al pasado.

* Miembro de La Paz Querida.

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