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El pasado 25 de junio, la agencia de noticias Associated Press informó que en una fiesta de cumpleaños que se realizó en Texas a finales de mayo, un solo hombre contagió de coronavirus a 17 miembros de su familia. Por otro lado, algunos estudios de aguas residuales realizados por el Instituto Superior de Salud en Italia demostraron que, aunque el coronavirus llegó al país en diciembre, el pico de contagios no se dio hasta dos meses después. (Lea “Colombia debería hacer más activismo para que tratamientos para el COVID-19 sean un bien público global”)
Estos casos demuestran un fenómeno que parece ser común en esta pandemia: personas que pueden causar muchos contagios. “Eventos de superpropagación”, es como los suelen llamar.
El científico Ben Althouse, del Instituto de Modelado de Enfermedades en Bellevue, Washington, en entrevista con el diario New York Times utilizó una didáctica analogía para explicar este fenómeno: “Podemos comparar lo que ocurre con los contagios con lanzar un fósforo encendido a la leña”, afirma el investigador. “Puede que lances un fósforo y este no inicie una gran llama. Puede que lances dos y la leña siga sin encenderse. Pero si lanzas un tercero que caiga en el lugar correcto, entonces el fuego subirá y se encenderá una fogata”.
Los investigadores afirman que entender por qué algunos fósforos encienden la fogata y otros no es crucial para entender cómo se generan los contagios.
Desde el inicio de la pandemia los expertos han intentado averiguar cuál es el promedio de personas que contagia una sola persona enferma y, hasta el momento, se estima que cada paciente infecta entre 2 y 3 personas. Pero los investigadores advierten que es imposible dar una cifra exacta, ya que la forma en que se comportan los contagiados es clave para conocer este número.
Por ejemplo, si una persona infectada se entera a tiempo de que padece la enfermedad y respeta el aislamiento, podría no contagiar a nadie, pero si otra persona enferma no lo sabe o no toma las medidas necesarias para evitar esparcir el virus, podría contagiar (hipotéticamente) a 20 personas. Eso hace muy difícil dar una cifra exacta de los contagios que genera cada paciente.
En enfermedades como la gripa y la viruela, unas pocas personas transmiten la enfermedad a otras pocas personas, lo que hace que la enfermedad crezca de manera constante y lenta. Por el contrario, enfermedades como el sarampión y el SARS generan brotes repentinos en los que pocas personas infectan a muchas.
Los epidemiólogos calculan la diferencia entre esos dos tipos de contagio con algo conocido como “parámetro de dispersión”. Aunque el ecólogo James Lloyd-Smith de la UCLA, quién desarrolló este método hace 15 años reconoció en entrevista con el New York Times que este parámetro no hace que los científicos entiendan por qué algunas enfermedades tienen más superpropagación que otras, si ayuda a que entiendan mejor sus partes.
Cuando inició la pandemia por el nuevo coronavirus, el Dr. Adam Kucharski, epidemiólogo de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, utilizó este método para calcular el número de propagación del virus. En sus investigaciones descubrieron que el 10% de los enfermos contagian al 80%. Lo que significa que pocas personas transmiten el virus a muchos.
Aunque la investigación de Kucharski fue publicada en abril como una preimpresión y hoy todavía no ha sido revisado por pares, hay otros estudios que apuntan a los mismos resultados.
Tal es el caso de otra preimpresión publicada en el portal medrxiv.org el pasado 22 de junio, donde la Dra. Kristin Nelson y su equipo analizaron 9,500 casos de contagio del nuevo coronavirus en Georgia, Estados Unidos. Los resultados de la investigación apuntaron a que el 2% de los infectados fueron responsables del 20% de los contagios.
Ahora que todo apunta a que son pocos los que generan muchos contagios, la tarea de los investigadores será responder por qué se genera este fenómeno. Para esto hay varios factores que deben tener en cuenta.
El primero de ellos es: ¿Quiénes son los super propagadores? En entrevista con el NYT la Dra. Nelson y el Dr. Lloyd Smith estuvieron de acuerdo en algo: las circunstancias en las que se genera el contagio son claves. Hay algunos individuos que por su trabajo tienen más posibilidades de contagiar más personas. Por ejemplo, todos los cargos que implican servicio al cliente.
También podría tener que ver la ventilación del espacio donde se generan los contagios y el tiempo de exposición al virus, como lo demostró un estudio publicado por el Centro para el control y prevención de enfermedades de Estados Unidos, en el que se evidenció que ciertos casos de contagios masivos de coronavirus se generaron porque esas personas tuvieron contacto con un paciente infectado por más de 50 minutos.
Por otro lado, la Dra. Nelson admite que saber que el coronavirus es un virus de “superpropagación” puede tener su lado positivo. “Es un buen augurio para controlarla”, afirma, “ya que al saber que la mayoría de contagios se producen bajo estas condiciones, podría ser más fácil tomar medidas para evitarlas”.