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Segunda vuelta

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NO SE NECESITA INSULTAR A MO- ckus para concluir, como es mi caso, que la mejor opción para segunda vuelta es Juan Manuel Santos.

 En efecto, Mockus ha realizado una faena heroica. En muy pocas semanas, sin clientelas organizadas, ha logrado conseguir, no solo un volumen impresionante de votos, sino que se ha convertido en símbolo de millones de colombianos que quieren un cambio a fondo en la manera de ejercer la política. La voz de Mockus y su equipo es imprescindible en el actual escenario político colombiano.

Si Santos triunfa, no debería dar la espalda a ese clamor.

  El reto mayor de Mockus, si no gana en segunda vuelta, es cómo consolidar y organizar ese cúmulo de ciudadanos para que, en vez de una presencia episódica en la vida pública, se consolide como un partido coherente que continúe incidiendo en el quehacer público. Porque esta explosión súbita e impredecible corre el riesgo de diluirse con la misma velocidad con que  llegó. En efecto, aunque el régimen de partidos ha mejorado, y parecen superados los tiempos de las decenas de partidos de garaje, muchos de ellos simples fábricas de avales a veces siniestros, la misma configuración súbita del Partido Verde, y el altísimo aporte de una fibra emocional, bastante alejada de las plataformas decantadas y duraderas que distinguen a los partidos, muestra que todavía el esquema de nuestros partidos adolece de falta de  madurez.

Quizás esa sería la tarea inmediata de un Mockus perdedor, en vez del lloriqueo y la agresividad demostrada en la noche del 30 de mayo. Ni tampoco el papelón de víctimas que les oí a algunos de sus dirigentes. Eso de decir que Mockus combatió contra de los ricos que le cerraron las puertas, cuando fueron los estratos 5 y 6 los que lo apoyaron con mayor fervor, o que su periplo fue una odisea contra los medios, cuando la mayoría de los columnistas le manifestó su apoyo, no deja de ser una visión escapista. Como tampoco es aceptable que ahora se diga que 6,7 millones de votantes por Santos son una horda de corruptos y de idiotas que se dejaron llevar ciegamente por el establecimiento. Agréguese a esto la idea arrogante de que todo el voto de opinión está con Mockus y tendremos un cuadro elitista, hasta fascistoide. También hay votantes de opinión que acompañan a Santos quien, además, ostenta una nutrida experiencia en los asuntos del Estado y una formación completa para ejercer la presidencia. Es práctico y concreto y esto tiene ventajas en el momento actual. Tiene además tenacidad, capacidad de organización y, sobre todo, arrojo, algo que es indispensable para dirigir este país.

Dije que Santos debía poner el oído en la tierra y asimilar el mensaje que han emitido 3 millones de votantes verdes. En parte ya lo ha hecho. Eso de proponer un gobierno de unidad es, ya de por sí, una rectificación. Después de ocho años de un uribismo que, como decía Alzate, “tiene al mundo como contraparte”, es ya un cambio que alguien anuncie que va a oír a los demás, que piensa ampliar las fronteras de su gobierno y que la oposición también tendrá un lugar bajo el sol.

La historia se podría repetir. Aunque con vectores distintos, a la pugnacidad de López Pumarejo, fértil y necesaria por cierto, vino la pausa de un Santos.

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