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Hay palabras que se convierten en moda. Una de ellas es la disrupción. Estoy convencido de que podemos llegar a ello, si y solo si comprendemos de qué se trata. En palabras sencillas la disrupción es hacer algo diferente e innovador en un sector de la economía que ya está atendido pero no como se merece. Así las cosas, hacer algo realmente innovador de cara a atender a ciertos consumidores atendidos pero no de la mejor forma y que ellos y su comunidad vinculada vuelquen su interés por quien los ayude es como realmente podremos ser disruptivos. Sí, confieso que es muy enredada tanto la definición como la explicación. Por eso prefiero pensar que las empresas colombianas, en lugar de estar pensando en la moda o en las frases de cliché como la disrupción, deben pensar en lo básico: innovar y emprender corporativamente y eso que vaya de la mano de la renovación estratégica.
Cuando se habla de la innovación y el emprendimiento corporativo, la tendencia deja aflorar qué tanto se ha avanzado en las empresas colombianas en esta arena. Muchos administradores apuestan por decir que en su compañía se vive una cultura innovadora y emprendedora. Pero del dicho al hecho hay mucho trecho, dice el dicho, y es que en este campo las empresas colombianas y latinoamericanas tienen una tarea pendiente. Lograr cambiar esta tendencia apática hacia el emprendimiento corporativo y la innovación puede ser –sin lugar a dudas– el antídoto de su terminación.
En una economía globalizada y por ello desafiante de cara a lograr perdurabilidad de los negocios en el tiempo, son muchas las acciones que los tomadores de decisiones deben empezar a poner en sus agendas. Una de muchas acciones es, sin duda, lograr impregnar de innovación y de emprendimiento a las empresas, es decir, a sus colaboradores. Para ello es necesario que todos los colaboradores comprendan cuál es su aporte al propósito de las organizaciones. Así las cosas, la primera tarea de los líderes es divulgar el propósito de su negocio y por qué debería transformarse o mejorarse de cara a ser perdurables.
En efecto, de lo que se trata es de ser más estratégicos en los negocios. Lograr que la estrategia del negocio sea perdurable es más que una opción para los líderes, en efecto debe ser una obligación. Por ello, es indiscutible que cualquier tipo de negocio, desde el pequeño emprendedor hasta cualquier grupo económico multinacional, debería tener impresos en su fundamento la innovación y el emprendimiento, pues con ello se conducirán los negocios por el camino de la perdurabilidad. Para evitar crisis empresariales, por ejemplo, es necesario que se piense y se actúe cuando las empresas gozan de las mieles del triunfo. Es decir, cuanto más exitosas o cuanto más gozan de una excelente posición comercial y financiera, es en ese momento en el cual los tomadores de decisiones (accionistas, socios, administradores en los que se destacan los miembros de junta directiva) se deben ocupar de desafiarse y repensar el negocio. Es en ese momento cuando se necesita un punto de intervención. Esta intervención es la que se conoce como emprendimiento corporativo, el que se acompaña de una alta dosis de innovación.
Evitar las crisis y quiebras en efecto sí es posible. Para ello es necesario trabajar conjuntamente con los reguladores y los empresarios. Es que a ninguna de las partes le conviene que existan fracasos empresariales. Cuando una compañía se quiebra, no sólo se quiebra la compañía sino que coadyuva con el desempleo por un lado y por otro deja de generar recursos no sólo para sus dueños sino para el Estado, pues deja de pagar impuestos. Así las cosas, es necesario que tanto el Estado como los empresarios construyan conjuntamente momentos de intervención. Estoy convencido de que estos momentos son ahora.