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Algunos se han vuelto masters en televisión. Y saben más que quienes han andado en el negocio durante muchísimos años. Cuantifican suscriptores, raitings, promedios de audiencia y hasta descalifican a quienes salen en el vidrio porque no son sus amigos ni sus lisonjeros como están habituados en sus pequeñas parcelas donde son los “amitos”. Algunos por lo menos han hecho el ejercicio de intentar comprender el negocio y han tomado cursitos en el extranjero para entender hacia dónde va el tema. Esos que han hecho el esfuerzo saben que el cuento de “televisión abierta y televisión cerrada” tiene poca vigencia, que el futuro pasa por otras cosas, que los Netflix y Facebook marcan la tendencia y que en muy poco tiempo los canales abiertos, como los conocemos acá, serán cosa del pasado y los canales cerrados se transformarán. El negocio de las comunicaciones está ad portas de gigantescos cambios que ya se vienen expresando en ligas como la inglesa o en grandes negocios como la Champions.
Mientras entienden para dónde va la situación, ellos seguirán luchando por implantar su televisión “Premium” de cobro a los aficionados. La dirigencia sigue convencida de que esa es la tierra prometida, el edén soñado, la panacea que aliviará las finanzas y les permitirá a algunos tener más 4X4, finquitas de recreo y acrecentar sus patrimonios personales porque la mayoría están ahí por negocio, por ganar plata a costa del fútbol.
En estos días previos a la negociación del Premium no hemos oído a ningún dirigente luchar por mejores condiciones para los jugadores, no se oye a ninguno tratando de conseguir que los estadios estén mejor presentados, con gramillas decentes y con iluminaciones que permitan ver mejor en el estadio y en la pantalla chica. Tampoco se oyen promesas de traer mejores jugadores y no esa cantidad de paquetes extranjeros que cuestan poco y juegan menos. A los nuevos “masters de la televisión” eso no les importa. Solo sus bolsillos.
Van a las asambleas y ninguno se preocupa por lo fundamental: el negocio no está caminando, la gente abandonó el estadio, conseguir un partido con 20 mil aficionados en las graderías es toda una hazaña. Este es el semestre de peor promedio de asistencia en los últimos años, porque se juega muy mal, porque las barras bravas han alejado al hincha normal, porque los equipos son flojísimos y algunos técnicos con sus esquemas ultradefensivos están echando al hincha a la calle. Pero eso no lo ven o no lo quieren ver estos “sabios” que manejan el fútbol colombiano. Antes de hablar de “Premium” hagan algo por la calidad del espectáculo. Antes de seguir echando la gente de los estadios, inviten a los aficionados con organización, buenas nóminas, fútbol bien jugado. Lo otro es pura cuestión de bolsillos hambrientos.