¡Bien, presidente Duque!

Luis I. Sandoval M.
25 de septiembre de 2018 – 12:00 a. m.

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Por más precedentes negativos que haya de una situación, siempre hay que tener los ojos abiertos a la realidad como se presenta. Con 50 días de gobierno está quedando claro que el presidente Iván Duque, así esté en la orilla conservadurista del establecimiento, no es furibista. Comienza a darle un talante propio a su administración.

Lo digo por la posición que el gobierno está tomando en relación con la grave situación de Venezuela, los migrantes de ese país y las instigaciones a una incursión militar norteamericana desde Colombia. Me gusta esa posición: Colombia no le juega a la aventura militar, sí a la presión diplomática y, en cuanto a los migrantes, está buscando un gran respaldo multilateral, con Naciones Unidas y la Unión Europea a la cabeza, para un fondo que apoye las acciones de los diferentes países afectados por la presencia masiva de población venezolana: Colombia misma, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, Brasil. Un gobierno alternativo no habría hecho otra cosa.

Por eso no dudo en reconocer el acierto: ¡Buena esa, presidente! Tal postura es parte de lo que en Semana el columnista Alfonso Cuéllar caracteriza como el refrescante pragmatismo del Presidente Duque. Presidente y algunos (no todos) altos funcionarios, entre ellos el Canciller Carlos Holmes Trujillo, entienden que llegaron no para empeorar las cosas sino para seguir buscando salidas civilizadas, dialogadas, guiadas por un genuino sentido de corresponsabilidad entre fuerzas políticas en lo interno y entre países y bloques de países en lo externo.

Esa postura abre posibilidades al pacto sobre lo fundamental, o pacto por Colombia. El tema de Venezuela, su vía democrática de solución interna, su soberanía y el tratamiento a los enormes problemas fronterizos, es uno de los puntos centrales del pacto. Otros puntos son la paz, cero corrupción, las reglas de juego político (reforma política) y, el primero de todos, la vida que hoy tiene que partir del monopolio garantista de la fuerza en un Estado legítimo. Este pacto es para hacer viable el país, no para eliminar el juego de pluralidad democrática que seguirá abierto con amplia competencia (agonía) entre fuerzas diversas, sin polarización.

Por ahí es la cosa. Pero entonces la postura en otros asuntos tiene que ser coherente con la que se asume frente a Venezuela. Ninguna guerra es buena hoy para Colombia, para nadie, aunque así quieran presentarlo los halcones voraces del gran capital multinacional y de la potencia decadente del norte. Los problemas colombianos, algunos, son parte de los problemas globales. Las soluciones tienen que formar parte, por ello, de las agendas continental y global.

Si el presidente va a seguir una línea de diplomacia eficaz y de diálogo intensivo para procurar soluciones a problemas externos e internos, no puede entrar por la vía de la erradicación forzosa, volviendo a fumigar con glifosato; no puede retroceder en el proceso con las FARC, alimentando la tentación de volver a las armas; no puede desistir de hablar y pactar con el ELN; no puede abandonar el camino de acogimiento a la justica del Clan del Golfo y otros grupos de ese tipo; no puede seguir dejando asesinar líderes sociales por grupos armados ilegales sean los que sean. 

El presidente, todo el gobierno, tienen que ser coherentes. La presencia del Dr. Carrasquilla en el Ministerio de Hacienda torna dudosa la voluntad de combatir prácticas non sanctas en la gestión pública y fuera de ella. Dificultades habrá inevitables dentro del bloque de gobierno, pero el presidente debe asegurar su capacidad de direccionar el carro gubernamental.

No puede ser este un gobierno de furibismo trasnochado que vuelve a la guerra como oportunamente lo está advirtiendo Humberto de la Calle (El Espectador, domingo pasado). No puede ser que los carteles mexicanos se conviertan en los determinantes de nuestras condiciones de (in)seguridad en amplias y neurálgicas regiones. No pueden seguir pasando cosas como el asesinato aleve de tres profesionales geólogos en Yarumal. Firmeza democrática, desde la orilla derecha, con apertura al diálogo a fin de ganar en gobernanza, sin vacilaciones y sin mermelada, parece ser el camino escogido por Iván Duque.

Que el Presidente Duque no sea furibista, que acceda de alguna manera al acuerdo sobre lo fundamental, no hace perder posibilidades a la opción alternativa para ejercer control político, ni para plantearse como oposición que trabaja por ser gobierno. Tres hechos relevantes de la semana pasada muestran los pasos acertivos que dan los alternativos: el debate sobre la ética volátil del Ministro de Hacienda el martes, la constitución de la mesa de facilitación para la gran coalición democrática el miércoles, el lanzamiento del movimiento Colombia Humana el sábado en la Plaza de Bolívar.

Todos, gobierno y oposición, tenemos que contribuir a un país viable. Todos tenemos la responsabilidad de jugar limpiamente a la pluralidad democrática.

@luisisandoval

lucho_sando@yahoo.es

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