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Por: Alberto López de Mesa
El mugrero que dejan los estudiantes a la salida de la escuela, el que queda dentro y fuera de los estadios después de un partido o de un concierto, comprueba la inconsciencia general sobre el destino y el buen manejo de los residuos y desechos que producimos. Exceptuando el oro, las joyas, algunas obras de arte y el dinero, todo lo que consume y usa el ser humano, tarde o temprano será basura. Al mundo del Mercado le interesa que seamos consumidores compulsivos, de hecho, la cantidad de basura que arrojamos al planeta es directamente proporcional a lo que consumimos. A la caneca, si se tiene a la mano, o al suelo directamente, la super población mundial arroja, segundo a segundo, cáscaras, pepas, empaques, bolsas, palitos sintéticos, colillas, chapolas, sobres, en fin, no cabría en todo el periódico la lista de desperdicios con los que enmugramos el mundo. A diario los ambientalistas muestran en las redes escenas escandalosas de playas, de ríos, de calles, de bosques convertidos en cloacas, por la basura que arrojan los habitantes de las ciudades aledañas.
La verdad, las políticas y soluciones técnicas a las que ha recurrido el mundo para resolver el problema de las basuras, son momentáneas y casi siempre excedidas por el volumen de desperdicios que se produce. Todas las ciudades destinan un espacio al que llegará la basura, llámese “rellenos sanitarios”, “basureros públicos”, “boquerón de desechos”, que terminan convertidos en gigantescos mosqueros y lo más triste es ver a los recolectores de basura que allí asisten a rescatar desechos aprovechables como gallinazos en la inmundicia. Los pueblos más inconscientes y atrasados al respecto, no dudan en usar la cuenca de algún río como botadero de basura y el aspecto y sus consecuencias son más vergonzantes. Ante este inminente desastre ambiental las leyes deberían ser drásticas a la hora de regular y fiscalizar la generación de productos no bio-degradables que produce la industria y el mercado. En el mismo orden, los gobiernos deben propiciar el que se les enseñe a los niños, dese la primera edad, el manejo de los desperdicios como un hábito vital igual que cepillarse los dientes o lavarse las manos.
El reciclaje debe ser una cultura, en todos los hogares se debe hacer la separación en la fuente de los materiales aprovechables y el vecindario y los recicladores callejeros deben mantener un diálogo cordial para que entre juntos contribuyan a darle un buen destino a los desechos. En realidad cada barrio debería tener un centro de acopio que pueda tratar las basuras, tanto orgánicas como los sólidos aprovechables, ya está visto que este aprovechamiento además de ser lo ambientalmente más saludable, también está siendo en excelente negocio, a si que con una buena administración podía ser un ingreso que se puede invertir en beneficio de las comunidades y de la cultura ecológica. En algunos países nórdicos ya se están usando los desperdicios de alimentos y lixiviados para producir metano y otros gases como fuentes de energías limpias de distribución domiciliaria.
Los embases plásticos que afectan gravemente los suelos y los fondos marinos se les está usando como material de construcción, a si existen muchos ejemplos de cómo reutilizar o devolver a su ciclo los desechos. Pero todo parte de generar una conciencia colectiva para lograr entre todos un manejo racional de la basura que producimos.
ADENDA: El sábado 22 de septiembre en la Plaza de Bolívar de Bogotá se hizo el lanzamiento público del partido político de La Colombia Humana.
La asistencia fue nutrida y el acto sencillo, bonito y esperanzador, la presencia de gentes diversas y sobre todo de jóvenes, la participación de los artistas y el entusiasmo reinante nos hizo pensar en que nace un partido político realmente coherente con las necesidades de los nuevos tiempos.