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Sí, como de cualquier moda se tratara, políticos por doquier que quieren vender un aire de modernidad, para diferenciarse del molde tradicional que los arropa, adaptaron en sus discursos las palabras claves: economía naranja. Con la característica de que casi la mayoría de los que las repiten insaciablemente tienen poco conocimiento de qué es y cómo se puede desarrollar.
Y es muy curioso, porque solo lo adhieren a su vocabulario, pero en su cotidianidad escuchan rancheras mientras toman whisky, su participación en las celebraciones folclóricas se limita a presumir sobre un caballo y rara vez, o nunca, han asistido a admirar las expresiones culturales de artistas que tratan de promover arte sin presupuesto; aquellos que para crear cargan en una maleta solo sus sueños, conocimientos, promesas, fracasos, ilusiones y una paciencia infinita para salir a aventurarse en el complejo y atrevido mundo del emprendimiento.
Claro está, entiendo a los políticos. Están buscando sintonizar con grupos poblacionales emergentes, a los que no les interesa la teja de zinc, el abrazo hipócrita o el contrato de prestación de servicios cimentado en un condicionamiento político.
Este movimiento naranja es donde la imaginación y la creatividad son la materia prima.
Señores políticos: no bloqueen la inspiración con trámites burocráticos. No sometan a estudios técnicos las ideas que no son técnicas ni mecánicas. No exijan licencias para explorar las infinitas reservas de creatividad colombiana. No se tomen el jugo de naranja si no saben cómo se exprime la fruta.
Este es un llamado a la congruencia. Si se habla de industrias culturales, se debe rechazar el fracking.
Si se proponen nuevas fuentes de empleo, se deben considerar nuevos modelos de trabajo, como el teletrabajo.
Si hicieron campaña política presidencial con la economía naranja, aumenten los recursos en el presupuesto nacional para este fin.
Sostener un balón con la cabeza sin dejarlo caer y tener preparadas un par de canciones en el repertorio no es economía naranja, pero le abono al gobernante de turno el interés de movilizar el país en la ruta creativa. Ojalá este no sea un distractor y dispongan de los recursos y la voluntad para garantizar las herramientas para que en Colombia crear sea considerada una oportunidad para hacer riqueza.
Diego Fernando Vargas
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