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Muchos creerían que ser el hermano menor del mejor ciclista colombiano de todos los tiempos es una bendición. Y sí, pero a la vez es jodido. Jodido es compararse todo el tiempo con él, jodido es vivir a la sombra de él. Físicamente son calcados: el mismo biotipo, el mismo pedigrí, el mismo acento. Tras cuatro años compartiendo en el Movistar Team junto a Nairo, Dayer Quintana decidió cambiar de rumbo: partió al equipo continental italiano Neri Sottoli.
El título en el Tour de San Luis 2016 es el mejor logro que registra su modesta hoja de vida. Por lo general fue un actor de reparto, el gregario de sus compañeros. “La gente no se esperaba mi salida. Creía que iba a estar en el Movistar hasta que Nairo se fuera. La verdad es que ha sido un buen cambio, me siento arropado. La calidez se siente y pienso que fue un cambio espectacular”, apunta Dayer en diálogo con El Espectador antes del inicio de la cuarta etapa del Tour Colombia 2.1, que se correrá hoy con un trazado llano de 144 kilómetros en Medellín.
“Lo ha dicho mucha gente: no todos los dedos de la mano son iguales. Y el caso de Nairo y Egan Bernal es excepcional. Ambos son unos dotados con el don de las bielas y les va bien con eso. Al resto de mortales nos toca trabajar más duro para llegar a su nivel”, señala Dayer, quien se adjudicó la última etapa de la pasada edición del Tour Colombia. Repetir esa hazaña lo ve espinoso. “Ahora estoy en una escuadra con menos posibilidades, pero trataré de aprovechar cualquier oportunidad que se presente”.
Un timonazo que ha caído bien en la familia. “Dayer tiene su misma sangre. Por lo tanto, tiene sus mismas condiciones. Él también puede y lo admiro porque sé que cuenta con mucho talento. Muy contento y conmocionado con su nuevo equipo, asume una gran responsabilidad como su hermano, porque son personas disciplinadas y entregadas”, comenta Luis, su padre.
Así, el rumbo de los hermanos Quintana toma caminos separados. Y ahora Dayer tendrá por fin el privilegio de ser líder de una escuadra. Con ilusión reconoce que se trasnocha con que su equipo se gane una tarjeta de invitación para correr el próximo Giro de Italia, que arrancará el 11 de mayo.
¿En qué momento de su vida se encuentra el pedalista boyacense de 26 años? En tiempos de intromisión, de recuperar la confianza en sí mismo y tejer su propio camino. “Es un nuevo comienzo. Espero que sea un gran año para demostrarle a la gente lo que he progresado. Voy para arriba”.
Ningún cambio le ha quedado grande a Dayer Quintana. Como cuando empezó su carrera de ciclista juvenil en un equipo patrocinado por la Policía, que sufrió problemas administrativos. Le tocó bajarse de los pedales y ser patrullero. Nunca se quejó.
“También recuerdo esas épocas en las que hacíamos de todo antes de ser ciclistas, no solo eso. En el campo con la cebada, la fruta que llevábamos a Barbosa y Moniquirá, cuando fui taxista siendo muy niño, todo. Creo que eran etapas que necesitábamos vivir para salir adelante”, dice Dayer, con la economía de las palabras y tono de voz de su hermano.
De lo que sí está seguro es de que vendrán tiempos mejores tanto para él como para Nairo. “Estos dos últimos dos años han sido duritos. La gente muchas veces se deja llevar por el corazón más que por lo que realmente sucede. Los ciclistas no podemos estar siempre en el mejor momento de nuestras vidas. Hay altibajos”.