
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
El primer mito: los candidatos no presentaron ideas y propuestas concretas. Esto, que fue cierto en la primera parte de la campaña, cambió en el mes de mayo. Una medición del discurso de los aspirantes demuestra que multiplicaron sus propuestas, enriquecieron las páginas web de sus campañas y propusieron ideas concretas sobre el país que quieren. Todas las páginas web presentan múltiples documentos sobre las estrategias en diferentes campos: economía, agricultura, minería, reforma política y reforma a la justicia, salud, educación o turismo.
La campaña de Enrique Peñalosa, que en el mes de abril era la más pobre en términos programáticos, dio un vuelco para posicionarse como la más rica en temas estratégicos. Se nota el apoyo de reconocidos académicos e intelectuales. La de Óscar Iván Zuluaga, que fue una de las más nutridas, tuvo una caída estrepitosa en información en las últimas semanas. Coincidencialmente con el escándalo del hacker, hoy en el portal no existe más la sección prensa. Si un ciudadano quiere informarse antes de salir a votar, debe hacerlo en la página del Centro Democrático.
Si bien todos los candidatos proponen soluciones para fortalecer la democracia, existen temas que son más privilegiados por unos que por otros. Los temas fuertes de la campaña fueron la paz, la política, la educación, los sociales, el empleo, la salud y la justicia. Las mujeres tuvieron una mención especial: los mensajes estuvieron dirigidos a las que han sido víctimas de la violencia o víctimas de la desigualdad laboral. También se encuentran de manera preponderante los jóvenes y los niños como una visión de futuro y de proyección de las propuestas.
Entre los temas privilegiados por los candidatos, Clara López toca los grandes conceptos de la democracia, como la soberanía, la oposición, los derechos sociales y económicos de los ciudadanos, el cambio de modelo de desarrollo, la desigualdad, la izquierda o la cultura. A su vez, de sus experiencias como ministra de Comercio Exterior y de Defensa, Marta Lucía Ramírez privilegia la justicia, las instituciones, la lucha contra la corrupción, la industria, el emprendimiento y el fortalecimiento institucional. Óscar Iván Zuluaga sigue el libreto del uribismo, donde los ejes temáticos más mencionados son la seguridad y el narcotráfico. Sin sorpresas, el discurso santista se refugia en el binomio paz y guerra. Pero también toca áreas como la vivienda, el empleo, la pobreza y la revolución tecnológica.
Segundo mito: la campaña sólo se calentó con la propaganda negra. La temperatura de la campaña subió con un cambio de estrategia en el discurso. Los fríos discursos del presidente candidato, Juan Manuel Santos, de rendición de cuentas, se fueron “berlusconizando” con el lenguaje del fútbol. A pocas semanas del Mundial, Santos se vio en Twitter cambiando monas y entre las palabras más usadas en mayo se destacan: fútbol, partido, gol, selección, segundo tiempo.
En múltiples discursos, el jefe de Estado afirma: “Le hemos metido goles a la pobreza, a la miseria, a la inseguridad (…) vamos a meter goles en el Mundial de Brasil, vamos a meter goles en este segundo tiempo”. También afirmó con vehemencia: “Es el momento de jugar juntos el mejor partido de nuestra historia: el partido de la paz, la equidad y las oportunidades”. Por su parte, el discurso estructurado de Clara López dio lugar también a manifestaciones más mundanas de índole personal, como su noviazgo de juventud con Álvaro Uribe y momentos de coquetería en su arreglo ante las cámaras.
El mito del castro-chavismo. Si las encuestas no se equivocan, la segunda vuelta enfrentará a una derecha de centro con una derecha extrema. En Santos no existe un lenguaje marxista-leninista, ni mucho menos de izquierda. En él todo es de centro derecha. El discurso así lo muestra. No se cree revolucionario sino reformador, no habla de negociar con la guerrilla la propiedad privada ni alaba el modelo revolucionario. La visión estratégica del país pasa por su inserción en la economía mundial. Quiere que la educación de los niños más desfavorecidos sea competitiva con los colegios de París, Shanghái, Londres o Buenos Aires. Sus referentes no son Nicolás Maduro, Fidel Castro o Mahmud Ahmadineyad, sino más bien premios nobel de economía, como Amartya Sen o Joseph Stiglitz.
En cambio, en el lenguaje uribista hay fundamentos de la extrema derecha europea. El uribismo se funda en un profundo nacionalismo y desarrolla sus banderas políticas bajo conceptos opuestos: violencia y patria o guerra y nación. La utilización de la palabra “patria” siempre está relacionada con la soberanía de la tierra. Como en Europa, estos movimientos buscan atraer a las clases más desfavorecidas a través de la identidad nacional. En Óscar Iván Zuluaga son más frecuentes los referentes a las regiones y lo popular que a lo internacional. Otra característica es la “teoría del complot”, en especial del comunismo. Zuluaga denuncia que el presidente Santos le “entregó” las llaves de la paz al castro-chavismo: “Cambió a Uribe por el régimen totalitario de Chávez y le entregó a Chávez las llaves de la paz”.
El corazón de este proyecto se inscribe en el culto al poder fuerte. La guerra debe apoyarse en conceptos como la disciplina, la autoridad, el sentido del deber y del sacrificio, todos ellos elementos que se encuentran inmersos en los postulados de su mentor, Álvaro Uribe. Finalmente, valores como el heroísmo, la virilidad y el puritanismo son centrales en la extrema derecha. De manera consciente o inconsciente, existen grandes coincidencias entre los postulados del Centro Democrático y aquellos desarrollados, en la historia, por la extrema derecha europea contemporánea.
Por último, es importante resaltar qué temas dejaron de lado los candidatos. No hablaron de valores tan importantes como la ética, y el problema de los paramilitares —o neoparamilitares, si se quiere— también estuvo ausente. A pesar de que el tema de la educación fue uno de los más fuertes, ninguno de los candidatos se puso como meta acabar con el analfabetismo. Esta palabra aparece mencionada sólo una vez dentro de un conjunto de 266.000 palabras estudiadas en el discurso. Tampoco se mencionó de manera categórica la biodiversidad. Eso sí, las áreas más ausentes fueron la política exterior y el fenómeno de la globalización.