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Mourinho

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Mourinho ofreció dos versiones diametralmente opuestas en las semifinales de la Champions.

Brillante, efectivo, táctico, moderno y recursivo en el partido de ida jugado en el Meazza, cuando doblegaron 3-1 al Barcelona y el elenco nerazurro mostró lo que es un dispositivo táctico moderno, abroquelándose atrás, cerrando espacios, haciendo un tejido corto gracias a las marcaciones zonales y a los bloques de presión pero con veloces transiciones ofensivas, auténticas galopadas a espacios vacíos, para que el equipo tuviera una correcta interpretación de las tres fases del fútbol. En Milán, el Inter apretó al Barça desde bien arriba, cercenó la conexión Xavi-Messi y lo redujo por momentos a la mínima expresión. Eso fue brillante.

En cambio, fue mezquino en el planteo del Camp Nou, producto del terrible miedo que infunde el Barça a sus adversarios cuando juega de local. El Inter no llegó una sola vez al arco rival, no tuvo la pelota, la regaló deliberadamente, la tiró de punta para cualquier lado, puso a Eto’o y Milito a jugar de marcadores de punta y de centrales en algunos pasajes. Fueron diez arrinconados al principio y luego nueve tras la discutible expulsión de Motta.

El Barcelona coadyuvó a su eliminación por varios factores: se nota cansado, sin fluidez, sin chispa e ingenio. Sus dos conductores, Xavi y Messi, sienten la infernal temporada, que incluye muchos más partidos que otros jugadores producto de su presencia en partidos de selección, finales de seis competiciones, intervención en tres torneos. Cuando Xavi y Messi no encuentran la fórmula, el fútbol del Barça termina siendo lento, reiterativo, estático, auténtico futbolito. A la posesión hay que agregarle el pase entre líneas, el fútbol interior, la demarcación, y el Barça no la tuvo. La presencia de un apagado e intrascendente Ibrahimovic no ayuda para que el equipo tenga soportes de ataque, quien haga la función de pivot para la llegada de los volantes. Al Barça le hizo muchísima falta Iniesta, quien ayuda con su talento a la creación cuando tapan a Xavi y a Messi. El Barça llega a final de temporada desgastado, renqueante, espeso y sin velocidad de maniobra.

Lo grave para el fútbol no es que hayan eliminado al Barcelona, sino el legado que queda de cara al Mundial. Los principios del fútbol ofensivo murieron a manos del que se siente inferior y no duda en recurrir al “catenaccio” absoluto para conseguir el resultado. Maquiavelo, como en la política colombiana, sigue de moda y el fin justifica los medios, así sea arrasando con la estética o con la legalidad y la constitución.

Fue mucho más digno lo que hizo el Chelsea el año pasado en el Camp Nou. Se metió atrás, pero salió y creó situaciones de gol. Tanto Hiddink como Mourinho, dos grandes técnicos, partieron de la premisa de que jugando no podían con los catalanes, entonces a defenderse. Para quienes hablan de la superioridad del Inter y de Mourinho sobre el Barça y Guardiola, recuerden este dato: jugaron cuatro veces en la Champions, el Barça ganó dos, empató una y perdió otra. ¿Quién es mejor?

Si el Mundial lo van a plantear los técnicos que se sienten inferiores como lo hizo Mourinho, estamos cerca de un soponcio, un tedio generalizado y un renacer de las Grecias que alguna vez ganaron algo pero nadie recuerda. El Mourinho del Meazza, un tecnicazo. El Mourinho del Nou Camp, un “chulo” mezquino y amarrete.

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