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¡Una vez más, la familia Char se salió con la suya! Don Fuad y sus hijos, dueños del Junior de Barranquilla, fueron fieles a sus ideas y con un técnico de la casa, un gran arquero y un ídolo goleador, bien complementados con jugadores de la región e impulsados por la mística del estadio Metropolitano, conquistaron su décimo título del fútbol profesional colombiano y pusieron a celebrar a toda su afición.
Acostumbrado a conquistar estrellas fuera de casa, pues siete de las nueve que tenía las había logrado en estadios ajenos, Junior llegó a los cuadrangulares con pocas ilusiones. A decir verdad, ni siquiera sus jugadores confiaban en pelear el título cuando el 17 de agosto Arturo Reyes se hizo cargo del equipo para reemplazar a Hernán Darío Gómez, quien se fue por malos resultados.
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El cuadro tiburón estaba en la casilla 17 de la tabla y apenas había sumado tres puntos de 15 posibles. Por eso, clasificar a los cuadrangulares era prácticamente salvar el semestre. Y de la mano de Reyes lo hizo sin brillar, sin enamorar a su hinchada. Quedó sexto en la fase todos contra todos y apenas en las cuatro últimas jornadas se metió en el grupo de los ocho.
No era favorito en el cuadrangular A, en el que enfrentó a Águilas, Cali y Deportes Tolima, que en la cuarta fecha parecía finalista fijo, con cinco puntos de ventaja sobre el tiburón, que, como los caballos de carreras, llegó de atrás hacia adelante e, impulsado por el espíritu alegre y folclórico de la capital del Atlántico —una ciudad que respira fútbol y vive el ritmo de su equipo—, ganó en Palmaseca y luego venció al cuadro pijao en el Metropolitano para avanzar a la gran final.
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En la serie contra el Medellín, una de las mejores definiciones de la historia, por intensidad y emociones, Junior hizo respetar su casa y luego, cuando parecía muerto, tiró los restos y resucitó para sacarle el título del bolsillo al poderoso, que era levemente favorito.
La décima estrella del tiburón llegó en una campaña irregular, pero con un cierre de ensueño. Jugó 28 partidos, de los que ganó 13, empató siete y perdió ocho. Marcó 28 goles y recibió 23. Pero, más allá de esas estadísticas, con el 54,7 % de rendimiento, demostró mucha jerarquía en las finales.
Las claves del décimo título de Junior de Barranquilla
En el éxito del club rojiblanco inciden varios factores. El primero, su sólido respaldo económico, que le permite años tras año armar una nómina amplia y llena de figuras, que tiene todas las facilidades para prepararse de la mejor manera, aunque, hay que decirlo, no siempre es fácil manejar egos y controlar a futbolistas que pierden el rumbo al convertirse tan jóvenes en ricos y famosos.
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También es fundamental la administración del club, a cargo del presidente Alejandro Arteta y del gerente general Héctor Fabio Báez el Sabio, uno de los dirigentes con mayor experiencia en el balompié nacional, pues antes de llegar al Junior, hace ya 16 años, pasó por Santa Fe y América.

Ya en lo futbolístico hay que decir que la principal virtud del estratega Arturo Reyes, camino a convertirse en el nuevo Zurdo López o Julio Comesaña (quienes durante décadas llegaron y salieron cada tanto del banquillo tiburón), fue aprovechar lo que habían construido Bolillo Gómez y su cuerpo técnico. Quedó claro el jueves durante la celebración, en las declaraciones de casi todos los jugadores, que el trabajo táctico que adelantó el estratega antioqueño fue fundamental para la conquista del campeonato.
Tal vez, Reyes le dio mejor manejo al plantel, porque es samario, jugó en el Junior y conoce perfectamente la idiosincrasia de la región.
En el plantel brilló el arquero de la selección uruguaya Santiago Mele, quien asumió la responsabilidad de reemplazar nada menos que a Sebastián Viera, el más ganador en la historia del club. Lo hizo con lujo de detalles y al mejor estilo de su antecesor, con mucho liderazgo fuera de la cancha y siendo figura en la serie final ante Medellín, con penalti atajado incluido.
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Por supuesto que el otro punto alto de Junior en la temporada fue el delantero y capitán Carlos Bacca, goleador del torneo con 18 anotaciones, ocho de ellas en la parte definitiva. Le cumplió la promesa a su madre fallecida de regresar al Junior y salir campeón.
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El cuidapalos y el artillero estuvieron muy bien complementados por jugadores como Jermain Peña, Edwin Herrera, Walmer Pacheco y Emanuel Olivera en la defensa, y Gabriel Fuentes, Homer Martínez y Didier Moreno en la mitad. Y de ahí para adelante futbolistas con el sello Junior, habilidosos, rápidos y desequilibrantes, como Luis Cariaco González, Déiver Caicedo, José Enamorado, Léider Berrío y Vladimir Hernández, el héroe de la final tras marcar el agónico gol que obligó a la definición por penaltis.
Con esta nómina como base y un par de refuerzos de renombre por anunciar, Junior comenzará pretemporada dentro de tres semanas con varios retos: ganar la Superliga, que disputará contra Millonarios del 20 al 23 de enero, hacer un buen papel en la fase de grupos de la Copa Libertadores y defender el título de la Liga local. Con la décima estrella en el bolsillo, sus jugadores, dirigentes e hinchas ya tienen la undécima en la mira.
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