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Maturana y Gómez consiguieron lo que Uribe no pudo: una tercera reelección.
Luis Bedoya jugó sus cartas y pese a la cantidad de dudas que lo acompañaron en el proceso de selección, pese a la falta absoluta de gestión para buscar otras alternativas, terminó entregando su presente y futuro a Maturana y Gómez. Tan sólo el discurrir de los hechos, los resultados, avalarán si se equivocó o acertó. Es una apuesta suya y como tal hay que respetarla, aunque, como en el caso de este periodista, no la comparta en lo más mínimo.
La tremenda impopularidad de Gómez demostrada en forma contundente en encuestas realizadas por entes serios como Datexco y Centro Nacional de Consultoría, así lo confirma. Esos sondeos indicaron claramente que la gente prefería otra opción.
Pero ya está hecho, no tiene reversa y como tal hay que encarar el proceso. Gómez envió un comunicado a la opinión pública pidiendo unión en torno a su nombre para conducir a la selección. Buen punto, interesante decisión, respetuosa y acertada. El técnico debe saber que para poder conseguir que la gente termine respaldándolo él tiene que empezar a cambiar y sus procedimientos tienen que ser absolutamente diferentes.
En los aspectos personales, la selección no puede ser de un reducido grupo de amiguetes incapaces de decirle lo bueno, lo malo y lo feo. Gómez tiene que aprender a convivir con la critica, buena o mala, y no puede elevar a la categoría de “terrorista”, “apátrida” o “enemigo” a quien tenga opiniones diferentes o a quien no guste de su manera de conducir el equipo. Debe quedarle claro que encontrará enemigos disparándole desde cualquier flanco porque sí o porque no, gente deseosa de ayudarle con críticas pertinentes y atinadas y obsecuentes “sobachaquetas” que aplaudirán todo lo que haga. De los enemigos totales y de los amigos incondicionales debe cuidarse, ninguno de los extremos es bueno.
Gómez debe saber que el fútbol no es de una sola región y que lo nombraron técnico de la selección de Colombia y no de la selección de Antioquia. Su prudencia para evitar enfrentamientos regionales evitará convertir el tema fútbol en otro motivo para seguir polarizando un país que ya bastantes odios tiene por razones políticas. Y esa prudencia implica darles cabida, darles juego, a otras regiones del país diferentes a la ya mencionada, en convocados y en colaboradores. El fútbol no nace y muere en la Plaza de Berrío, como él y Maturana han creído toda la vida.
El adiestrador tiene que entender que al presidente de la Federación que se ha jugado una carta impopular y poco política con su nombramiento no le gustaría para nada ver metidos en la selección a elementos como Moreno Jaramillo, Yuniz, Uda y otros empresarios paisas que ahora quieren volver a pelechar al lado de Maturana y Gómez. Son cosa del pasado y allá deben quedar.
En lo futbolístico, el técnico nacional debe refrescar su metodología de entrenamiento y su visión obsoleta del juego. La zona lineal fue un modelo interesante en un momento, hoy no tiene cabida, está desueta, ningún equipo importante del mundo la practica. La última experiencia visible de Gómez como técnico en Santa Fe mostró un adiestrador incapaz de conseguir el equilibrio defensa-ataque, plegado a métodos defensivos con pésimos resultados. Y en ataque no hubo nada positivo, con decir que la hinchada de Santa Fe ya no le decía Bolillo sino Culillo Gómez. Si se criticó a Pinto y a Lara por ultradefensivos, porque nunca consiguieron tener volumen de juego y fútbol ofensivo, Gómez correrá la misma suerte de no cambiar y mostrar algo diferente a colgarse de los palos y echar la bola para los lados. Una cosa es la posesión más posición y otra el futbolito.
Hernán Darío Gómez debe entender que sus pataletas y renuncias no pueden estar a la orden del día como hizo en Ecuador y en Santa Fe. Esa amenazadera permanente, ese show grotesco que involucra apoyos “incondicionales” de sus jugadores, resulta indigno de un proceso serio.
Gómez tiene aspectos muy positivos: hoja de vida, experiencia internacional, conocimiento de cómo se hace en las eliminatorias, lo que los expertos llaman el know how, liderazgo entre sus jugadores. Para salir avante en el reto tiene que hacer valer sus pergaminos en todo lo bueno y olvidarse de lo malo. Hacer una reingeniería del comportamiento.
Frente al nombramiento de Maturana-Gómez hay tres caminos. La oposición absoluta a todo, la aclamación incondicional y el sentido crítico y coherente. En esta etapa de mi vida profesional y personal no me llena ninguna de las dos posiciones iniciales. Estoy muy viejo para meterme en una trinchera y no me gustan las rodilleras para pasar de agache. A Maturana y Gómez les mando un recado claro y directo: lo que hagan bien no dudaré en aplaudírselos y en colaborarles si algún día quieren escuchar un concepto sin compromiso. Lo que no me guste lo diré sin afeites así se pongan bravitos y lluevan truenos, rayos, centellas y amenazas. A esta altura de mi vida, ya estoy curado de espantos.
Les deseo suerte pues si a ellos les va bien, al fútbol colombiano le irá mejor y acá tan sólo sirve clasificarse para Brasil 2014, allí al ladito, una oportunidad que no se puede desaprovechar. Trabajen y háganlo bien, el país se los reconocerá. Si lo hacen mal, el país también se los dirá.