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Avanza y no a “pasito de caballo discapacitado”

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NO SÉ SI A ANTANAS MOCKUS LE ALcance para llegar a la Presidencia. No sé si la “ola verde” es mucho más que una reacción emocional y transitoria, un rapto iluminado de millones de ciudadanos que ve en el ex alcalde una posibilidad de cambio.

No sé si el entusiasmo se traducirá en votos para garantizar el triunfo. No sé si se trata de un fenómeno similar al de Luis Carlos Galán que ganaba en las encuestas pero no en las elecciones. No sé…

No sé pero nunca antes había vivido una campaña en la que en pocos días un candidato avanzara tanto como para pisarle los talones a quien, apuntalado por la popularidad del Presidente y su política de seguridad democrática, las encuestas registraban como seguro ganador. Lo que parecía pan comido para Juan Manuel Santos, ya no lo es.

Crece el nerviosismo entre los uribistas que, con la impúdica participación del Presidente que rompió la neutralidad a la que está obligado, hacen hasta lo imposible para blindar la candidatura de Santos, torpedear la de Noemí y desacreditar a Mockus. Le cuestionan sus credenciales en materia de seguridad e intentan presentarlo como a una especie de Ciro Peraloca que pretende enfrentar a las Farc a punta de mimos y girasoles. Y Santos, que no ha podido venderse como diferente y/o mejor que Uribe, repite como un mantra el discurso de la seguridad y cayó en la trampa de enredarse con Noemí en chismes de cocina. Mientras tanto, Mockus avanza pero no a “pasito de caballo discapacitado” como perversamente insinuó Uribe, y las manifestaciones de apoyo y las encuestas alimentan la idea de que la victoria es posible.

La campaña no se está definiendo entre izquierda y derecha. Tampoco entre uribismo y antiuribismo: Mockus y su coequipero Fajardo no mordieron la manzana del antiuribismo, que es minoritario en el país, y Pardo y Petro, que representan la oposición, están en los márgenes. La alternativa no es el falso dilema seguridad vs. negociación con las Farc. La campaña se libra entre la continuidad y el cambio en el estilo de hacer política y de ejercer el poder, entre la marrulla y la transparencia, entre el “todo vale” para obtener un fin y el respeto por la legalidad.

Millones están hastiados y asqueados de la politiquería y el clientelismo, de la corrupción, de las chuzadas, del enfrentamiento de poderes, de la captura del Estado por intereses privados… Quieren respeto por la oposición, por las reglas de juego, pulcritud en el manejo de los dineros públicos… Eso lo ofrece Mockus y lo demostró factible cuando fue alcalde de Bogotá, cargo al que llegó dos veces, contra todo pronóstico, tras derrotar a la maquinaria.

Detractores y escépticos dicen que si gana no tiene Congreso y que sin Congreso no podrá gobernar. Olvidan que Uribe ganó por fuera de su partido, que empezó a gobernar sin bancada propia y que armó un primer gobierno variopinto con conservadores, liberales e independientes. Así que todo es posible.

Primero, claro está, hay que ganar las elecciones. No será fácil. Además de la guerra sucia y de que el Presidente está metiendo la mano, existe la gran incógnita sobre si la “ola verde” se va a traducir en votos contantes y sonantes. El 30 de mayo es la prueba ácida para “los verdes”, cuyo mayor reto es convertir en realidad esa revolución de expectativas crecientes y romper el mito de que sin el uribismo no hay salvación.

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