La posverdad, más conocida como el engaño

Mauricio Botero Caicedo
09 de septiembre de 2018 – 12:00 a. m.

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Para los historiadores de la tecnología, en febrero de 1990 Adobe lanzó al mercado la versión 1.0 de Photoshop, técnica en que el estadounidense John Kroll venía trabajando desde 1987. Con todo respeto, el verdadero inventor de Photoshop no fue Kroll sino los comunistas soviéticos. Para legitimar su poder, cada nuevo secretario del Partido Comunista reescribía la historia oficial a su manera: los burócratas al servicio del Politburó, en medio de la hilaridad mundial, borraban de las fotos oficiales a los dirigentes que habían caído en desgracia y colocaban en dichas fotos a los líderes del momento.

Pedro Sánchez, presidente del gobierno español, ha despertado desde Bolivia una delicada polémica al anunciar que su gobierno, por medio de una comisión de la verdad, se encargará de establecer la verdad oficial sobre la Guerra Civil española. Para el periodista José María Carrascal, las pretensiones de Sánchez bordean en lo ridículo, dado que los testigos, por no hablar de los protagonistas, siempre dan versiones distintas de cada hecho, sin proponérselo ni afán de engañar, simplemente llevados por su ideología o circunstancia. Carrascal afirma que los miles de libros escritos sobre la Guerra Civil confunden, más que clarifican. “La ‘comisión de la verdad’ que Sánchez y su gobierno buscan crear es puesta en entredicho por historiadores de todo tipo y sólo se justifica en el caso de que Sánchez busque la posverdad, más conocida como el engaño”.

Otro importante e influyente periodista, Juan Luis Cebrián, comentaba respecto a los intentos de Sánchez de establecer una verdad oficial sobre lo que sucedió en la Guerra Civil: “Está fuera de dudas la necesidad de resolver los casos pendientes de reparación a las víctimas de la guerra del bando republicano… Pero reconozco mi perplejidad al escuchar las declaraciones en Bolivia del presidente del gobierno en el sentido de que la comisión de la verdad acordará una versión de país sobre nuestra Guerra Civil. Este intento de establecer una verdad oficial sobre lo que sucedió, frente a las memorias, emociones e informaciones de quienes militaron en diferentes trincheras, parece un empeño tan inútil como peligroso. Lejos de restañar heridas, puede contribuir a profundizarlas y es sumamente arriesgado hacerlo sin el apoyo de los partidos fieles a la Constitución en un contexto tan complicado y resbaladizo como el de la actual política española. Ha habido en el mundo más de 30 comisiones de la verdad en el último medio siglo, muchas de ellas en América Latina… En todos los casos se trataba de buscar vías para la reconciliación entre los bandos enfrentados y una reparación a las víctimas de los conflictos… Y no todas fueron exitosas…”.

El diputado del Partido Popular de España Pablo Casado ha acusado al gobierno de Pedro Sánchez de “denostar” la Transición y de reabrir las heridas de la Guerra Civil, cuestionando la creación de una comisión de la verdad como la que el gobierno pretende realizar, hasta el extremo de considerarla una “mascarada orwelliana más propia de otros regímenes, otras épocas y otras latitudes”.

Los intentos de escribir una historia oficial, en España o en Colombia, suelen transitar una escala que va desde el engaño hasta el ridículo. ¿La verdad oficial que nos pretende imponer nuestra flamante Comisión de la Verdad no es, como diría Carrascal, la posverdad, más conocida como el engaño?

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