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Afortunadamente está haciendo carrera en nuestro fútbol una máxima, que de tiempo atrás he venido repitiendo.
“Si hoy te quitan, mañana te dan” . Esto para anotar la respuesta de varios técnicos y jugadores sobre las siempre discutidas decisiones arbitrales.
También se reafirma por estos días algunas acciones de los árbitros. Por ejemplo, resulta muy fácil, amén de congraciarse con los hinchas locales, expulsar a un jugador visitante y anular una acción, que tal vez en la próxima jornada cuando ese equipo oficie como local, no sea invalidada.
Me preocupa el papel de los llamados auxiliares de línea, comenzando por el señor Abraham González, invitado al Mundial de Sudáfrica. Se equivocó en la acción de gol de Villarraga en Barranquilla, mientras el asistente de Albert Duarte no levantó el banderín en el gol obtenido por Equidad ante el Medellín, cuando el delantero que remató en comienzo estaba aislado y adelante de los zagueros del DIM. En ambos casos, el asunto es preocupante, pero más en el de González, quien en el Mundial sabrá de los controles severos y las recriminaciones a que se expone si no se despabila. En eso Óscar Julián tendrá que trabajar más en coordinación de jugadas con sus asistentes.
Vi cómo Giovanni Moreno es el jugador que marca diferencia. Sin entrar en comparaciones, este volante o delantero, esa es su gran virtud, va en camino de conseguir logros interesantes. Él representa para Nacional tanto o más que Ómar Pérez en Santa Fe. Lo mismo que resulta Bobadilla, el arquero del DIM, mientras el joven Muriel, del Cali, cada día gana espacio como goleador y titular de un equipo que parece despertar.
Vi cómo Tolima en silencio, con valores individuales como Marangoni, Chará y Arizala, va asegurando su presencia en las finales. En esto debe tener mucho que ver la presencia de Gabriel Camargo, quien después de más de 20 años, encontró la forma de manejar grupos modestos de jugadores con aspiraciones grandes. Y de vez en cuando logra transferir uno o dos jugadores y con ello va cuadrando caja.
Veo con tristeza cómo los jugadores quieren ganar usando artimañas y dejando a sus equipos en inferioridad. Bastaría revisar el promedio de tarjetas rojas y amarillas después de estas 14 fechas. Por jornada se muestra un promedio de 57 amarillas, lo que da un cifra escandalosa, más de seis por partido. Y en las rojas, seis por fecha.
Finalmente, la cifra de 36 goles es reconfortante, así algunos hayan nacido de errores arbitrales. El aficionado quiere gritar sus goles y no salir con la amargura de un 0-0. En eso estuvo bien la fecha, un empate apenas y eso que fue de seis goles. En algo superamos a la liga española.