Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
EL GOBIERNO URIBE SE APRESTA A finiquitar un tratado de libre comercio con Europa que ha sido mal negociado y cuyo texto completo permanece secreto.
La instrucción a los representantes de Colombia fue aceptar todo lo que demandaran los europeos, pensando quizás en que se vieran logros y se presionara a que los norteamericanos volvieran a tramitar el que tienen pendiente con Colombia.
Una vez acordado todo con los europeos, la industria lechera colombiana puso el grito en el cielo y tardía e imprudentemente el propio Uribe llamó al comisionado europeo para ver si se podía hacer algo para proteger al sector afectado. Lo ofrecido al gremio no fue satisfactorio y siguieron reclamando. En general, el Gobierno colombiano no demandó que los subsidios internos concedidos a la agricultura europea pudieran ser neutralizados por aranceles compensatorios y ya tuvo que conformarse con hechos cumplidos.
Yo creo que la agricultura y la ganadería colombianas han disfrutado de una protección excesiva desde que se inició el desarrollo económico moderno y eso ha contribuido a tener alimentos muy caros, al mismo tiempo que la falta de competencia los ha aletargado, manteniendo estancados sus niveles de productividad. El conflicto interno, la corrupción y la incompetencia de los últimos gobiernos han frenado adicionalmente el desarrollo agropecuario del país. Por eso me parece bien que enfrenten competencia.
Hace cuatro años la SAC y Fedegán lograron descarrilar la negociación del TLC con Estados Unidos y el Gobierno los compró con Agro Ingreso Seguro, destinando regalos al latifundismo empresarial, del orden de medio billón de pesos anuales de nuestros impuestos. El propósito loable era que mejoraran su productividad para encarar, por fin, la competencia. Pues no lo han logrado: frente al TLC con Europa volvieron a insistir en que todavía no estaban listos.
No se conoce si la Unión Europea introdujo cláusulas de vigilancia de las condiciones de los Derechos Humanos y sindicales de los trabajadores colombianos, algo que ha servido para impedir que el Congreso norteamericano discuta el tratado bilateral. Uno de los aspectos positivos de los tratados de libre comercio es que colocan en la mira el comportamiento del gobierno y de las empresas nacionales y extranjeras en materia de garantías a la negociación colectiva, abuso del trabajo infantil y protección del medio ambiente por parte de las organizaciones sindicales y no gubernamentales de Estados Unidos y de Europa.
Aunque no son presiones determinantes sí han incidido en activar protecciones más efectivas del sindicalismo en Colombia y han propiciado la investigación de 200 asesinatos de dirigentes sindicales, de los 2.000 registrados en los últimos 15 años. También insisten en que la legislación laboral sea más amigable con el trabajo. Perú, por ejemplo, tuvo que derogar su legislación de cooperativas de trabajo que existen también en Colombia.
La economía colombiana se está inclinando por convertirse en minera exportadora. En ese entorno, las crecientes rentas en divisas, más las equivocadas políticas macroeconómicas de la administración Uribe, han deteriorado la competitividad de las exportaciones intensivas en mano de obra, que potencialmente se beneficiarían del tratado. Las exportaciones europeas van a poder aumentar su participación en el mercado nacional porque se elimina un arancel promedio del 12% y lo harán más si se mantiene la revaluación del peso.