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Revolcón en el currículum

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CUENTAN LOS GUASONES, CON INOcultable sonrisa burlona, que hasta no hace mucho la forma para establecer la idoneidad de un abogado era recibirlo con un gato: si el gato se sentía amenazado, se deducía que el letrado era un perro; en el evento que el que se sintiera amenazado fuera el abogado y no el gato, la conclusión era que el hombre de los códigos era una rata.

Los tiempos cambian y hoy se debe recibir a los abogados litigantes con un micrófono, en vez del consabido gato. Si el abogado, como cualquier candidato presidencial, agarra con decisión el micrófono y no lo suelta, debe ser contratado. Por el contrario, si el picapleitos se muestra esquivo ante el micrófono probablemente va a ser reticente a ventilar en público los casos.

 En Colombia inexplicablemente se ha impuesto la moda de airear los pleitos a través de los medios y no ante los jueces. Ya no tiene mayor importancia si el jurista sabe o no sabe de derecho, o si distingue el Código Penal del Civil. Los méritos o falta de méritos del pleito también han pasado a un segundo plano. Hoy es mucho más importante establecer con cuántos directores de noticieros o con cuántas presentadoras está relacionado el litigante. Pierden igualmente relevancia la redacción de los memoriales a los jueces, siendo mucho más efectivo el diseño y el contenido de los avisos que son ventilados a página entera en toda la prensa nacional. No es necesario que haya juicio o presunción de inocencia: el que el litigante tenga posibilidad de señalar con bombos y platillos en los medios que ha iniciado un proceso penal contra mengano o sutano es suficiente para condenar a mengano o a sutano en ese tribunal anodino e impredecible que es la opinión pública. Para este columnista es arcano el por qué las autoridades judiciales aceptan  que la justicia se convierta en un circo mediático, y el  por qué algunos medios se prestan a manipulaciones para que el que termine ganando el pleito sea el que tenga mayor capacidad de pagar avisos, o el que demuestre mayor entronque en los noticieros para golpear a la contraparte, no el que tenga la razón.

 Y si la justicia se va a seguir manejando en los medios, ¿no será hora que las universidades fusionen las facultades de derecho y de comunicaciones y que otorguen el grado de ‘medioconsulto’ en vez de jurisconsulto? Es decir, si lo que importa son las declaraciones públicas de los abogados, las filtraciones a las presentadoras de los noticieros, y los avisos rimbombantes en la prensa, ¿no será más oportuno y conducente que las facultades de leyes le pongan mucho menos énfasis en enseñar derecho, y mucho más atención al acceso y manipulación de medios, especialidades que se aprenden en las facultades de comunicación?

 Otro lamentable fenómeno que se presenta en Colombia es el de aquéllas firmas especializadas en la construcción de obras públicas, en cuya nómina aparecen bastantes más abogados que ingenieros. En dichas firmas lo importante no es adelantar las obras de acuerdo con lo pactado con el Estado, sino cuántas válvulas de escape y salidas jurídicas tienen los contratos para justificar reajustes, mayores anticipos, demoras, y en muchos casos flagrante y descarado incumplimiento. A la hora de la verdad, los que terminamos pagando el pato somos los contribuyentes.

Y si va a seguir el Estado prestándose a todo tipo de jugarretas y abusos con nuestros denarios, ¿no será también oportuno que las universidades contemplen una fusión de las facultades de derecho y de ingeniería? Es decir, ¿que los futuros ingenieros ejecutivos de las constructoras de obras públicas salgan de una vez entrenados para interpretar las licitaciones a su nivel de incompetencia y a ajustar los contratos a sus necesidades de caja?

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