Cartas de los lectores

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04 de septiembre de 2018 – 01:00 a. m.

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La de Ordóñez: una deuda ajena

Si la clase política de Colombia tenía una deuda con Ordóñez, que pagó con nuestro dinero durante cuatro largos años, con uno de los sueldos más altos de la historia, ya para nosotros es “clavo pasado”. Pero que la deuda que el Centro Democrático o el señor presidente Duque todavía tienen con él tengamos que pagarla nosotros otra vez es inaceptable, es vergonzoso. Voté por el doctor Duque, creo en él y lo respeto personalmente; incluso tuve el honor de compartir con él varios año nuevos y tengo en mi biblioteca La economía naranja firmado, lo cual, repito, me honra. Lo anterior, me parece a mí, ingenuo que soy, y porque soy ya un anciano de 81 años, me autoriza a darle un consejo al doctor Duque: no tienen reversa ni los ríos ni las motocicletas; pero si vamos a reversarnos de Palestina hacia Israel, podemos también reversarnos de la OEA hacia la dignidad.

Javier Villegas Naranjo. Bogotá.

Otra sobre Alejandro Ordóñez

Si hemos de aceptar que la revolución de los derechos es expresión del progreso de la humanidad, tal como lo plantea Steven Pinker, la animadversión de Uribe, Ordóñez y el Centro Democrático en general hacia la CIDH, adscrita a la OEA, es una clara manifestación de un talante antidemocrático. No tiene sustento racional que Alejandro Ordóñez sea nombrado embajador ante la OEA. Es un oso demasiado grande el que haría el presidente Duque. Quedaríamos muy mal parados ante el mundo democrático.

Ramiro Restrepo U.

Confiemos

Confiemos en que este Gobierno, gracias a una elaboración impecable en materia jurídica, económica y social de proyectos que debe presentar al poder legislativo para su aprobación, así como un minucioso seguimiento en cada entidad gubernamental sobre planes de desarrollo y obras prioritarias necesarias en las regiones, contribuirá a que los llamados auxilios parlamentarios y cupos indicativos del pasado, como la mermelada del presente, queden eliminados de por vida. Con esto, el parlamentario dejará de chantajear con su voto al gobierno de turno y la comunidad de su comarca nunca más lo volverá a ver como salvador o esperanzador cuando llega en campaña a ofrecer un servicio público, una escuelita o un puesto de salud que en la mayoría de los casos nunca cumple.

Francisco Javier Cajiao G. Bogotá.

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