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La región de La Mojana, ubicada en el norte del país, entre los departamentos de Sucre, Córdoba, Bolívar y Antioquia, es conocida, principalmente, por un fenómeno que se repite con la llegada de la temporada de lluvias: las inundaciones y los problemas que generan en las comunidades locales. Hace menos de dos semanas, por solo dar un ejemplo, más de 9.500 familias resultaron afectadas por los desbordamientos de los ríos y canales en los municipios de Majagual, Caimito y San Marcos (Sucre), y Montecristo (Bolívar).
Esta problemática —que experimentó su peor momento durante el fenómeno de La Niña 2010-2011 y a cuya atención los distintos gobiernos en Colombia ha destinado miles de millones de pesos — sigue sin tener una salida clara. De hecho, desde el actual Gobierno Nacional, a través de la UNGRD, se ha llegado incluso a hablar de la necesidad de reasentar a algunas de las comunidades que habitan en la región, principalmente campesinas y ganaderas.
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Una serie de recientes hallazgos arqueológicos en la región parecen demostrar, no obstante, que lo que ha sido un dolor de cabeza en las últimas décadas, fue, de hecho, una de las condiciones para el florecimiento de una cultura prehispánica hace, al menos, 2.000 mil años.
Como cuenta Fernando Montejo, subdirector del Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH) que ha estudiado esta zona por más de 25 años, en las zonas inundables de la Depresión Momposina —como también se conoce a la región— hay vestigios de un complejo sistema de canales con el que, hace miles años, comunidades antiguas controlaban las inundaciones, conducían las aguas y alimentaban sistemas agrícolas “intensivos” de grandes extensiones.
“Según lo que hemos calculado, se trata de unas intervenciones que abarcaron más de 500.000 hectáreas, es decir, casi 50 veces el área de Bogotá. Son una serie de construcciones que no tienen comparación en el mundo en su tamaño”, cuenta Montejo, del ICANH. Por esto último, desde el Gobierno Nacional se trabaja en dos frentes: a nivel local, se busca declararlo Área Arqueológica Protegida (sería el número 23 del país), y a nivel internacional, ya ha sido postulado en la lista indicativa ante la UNESCO como patrimonio de la humanidad.
Según descripciones recientes del ICANH, estas intervenciones consistían en camellones, es decir, franjas elevadas de tierra entre varios canales de agua en sus costados. Sumados estos formaban estructuras con las formas de espinas de pescado (una estructura central con ramificaciones) o abanicos (canales diagonales a partir de una estructura).
“El reto por lo pronto es proteger estas intervenciones antiguas para entender qué fue lo ocurrió aquí. Creo que solo hemos avanzado un 10 % en todo lo que hay descubrir y describir”, expresa Montejo. “Aún son más las preguntas que las respuestas que tenemos al respecto”.
Domando las inundaciones
Para entender las intervenciones humanas que ocurrieron en La Mojana, es fundamental comprender la naturaleza de este territorio y las condiciones que lo caracterizan. La región mojanera, que ocupa más de 11 municipios del sur de la sabana del Caribe, recibe las aguas de tres ríos: el Cauca, el San Jorge y el Magdalena. Además, se encuentra en lo que geológicamente se conoce como una zona de subsidencia, donde las fallas geológicas provocan que el terreno se hunda alrededor de tres milímetros por año, lo que, a lo largo de miles de años, ha transformado esta área en una ‘depresión’ (una zona baja en comparación con las áreas a su alrededor).
La suma de estos factores crea las condiciones para una de las sábanas inundables más grandes del continente, que vive constantemente picos de inundación y sequía. Estas características , según estudios del Instituto Geográfico Agustín Codazzi, se han mantenido durante milenios y fueron, con cambios menores, lo que experimentaron las comunidades nativas prehispánicas hace miles de años.
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La presencia de canales y camellones antiguos en la región se empezó a sospechar desde la década de 1950. Durante sobrevuelos a poca altura en la región, el geólogo de la Universidad de Berkeley (California), James Parsons, detectó una serie de líneas que emanaban de los ríos y caños en la región, y que parecían de origen artificial. Con los años, estas hipótesis se fueron confirmando mediante estudios realizados por el Museo del Oro y diversas universidades del país.
Pero, ¿por qué se construyeron estos canales? No hay, aún, una respuesta clara, pero sí algunas hipótesis. Según explican las arqueólogas del Museo del Oro, en su libro ‘La Sociedad Hidráulica Zenú’, “las áreas cenagosas ofrecían entonces grandes atractivos por su fauna acuática y la potencial fertilidad de sus suelos. Aunque se vieran afectadas periódicamente por inundaciones, sus habitantes podían observar como las plantas silvestres crecían desmesuradamente cuando bajaban las aguas de crecientes, dejando la tierra nutrida de sedimentos”.
En este punto vale señalar que a lo largo del continente se han encontrado sistemas de manejo hidráulico en diferentes países, desde México hasta Perú. Lo que hace único los de La Mojana es su extensión, como puede ver en el mapa que acompaña estas páginas.
Con estas bases, durante los últimos años, se han desarrollado investigaciones para terminar de caracterizar estas intervenciones, que superan en número los miles, y para responder a la pregunta de para qué fueron utilizados. Como explicó, en una conferencia, Sneider Rojas, arqueólogo de la Universidad de Antioquia (UdeA), los canales, algunos de los cuales superan los cinco kilómetros de largo, fueron utilizados para crear terrenos elevados entre diferentes canales de agua, permitiendo el cultivo de diversos alimentos en las zonas altas.
“Una de las dudas que se tienen es cómo se hicieron estas zanjas, que pueden llegar a medir hasta cinco metros, debido a que no hemos encontrado herramientas hechas con piedra, las primeras herramientas humanas, en la región. Una hipótesis es que se haya utilizado el agua misma para crear estos canales, y mover los sedimentos para producir partes elevadas. Aun así, debido a la extensión de estos, es difícil descartar una intervención directa”, explica Rojas de la UdeA.
Sin embargo, y aunque hay preguntas que los científicos aún trabajan en responder, algunos hallazgos ya comienzan a sugerir la vida que transcurrió alrededor de los canales. Uno de los hallazgos más destacados recientemente tiene que ver con el polen fósil, que mide entre 3 y 150 micras (para ponerlo en perspectiva, un cabello humano mide aproximadamente 70 micras) y que revela detalles del clima y la vegetación en el pasado. Estos estudios “arrojaron que en esta zona se cultivó maíz, yuca, calabazas, ají, maracuyá, palma y, entre otros, coca, que se sembró probablemente como parte del ámbito simbólico de estas comunidades”, asegura Montejo, del ICANH.
En cuanto a la posible pertenencia de estas comunidades, se hipotetiza que podrían haber sido comunidades zenú, aunque todavía no existen pruebas concluyentes que respalden esta afirmación. “Lo cierto es que las modificaciones de este tipo requieren una tarea enorme que no se hizo de un año para otro, se trató de una ocupación que duro al menos 2.000 años y que habría requerido una organización social importante y en el que las unidades domésticas, las técnicas agrícolas, el conocimiento profundo sobre las dinámicas de la inundación y el trabajo cooperante, permitieron un sistema hidráulico de tan alta complejidad sin que necesariamente haya existido una sociedad coercitiva para lograrlo”, argumenta Montejo.
Actualmente, además de las investigaciones en esa línea, el ICANH trabaja con un centro de investigación de la Universidad de Cambridge para determinar las cantidades de tierra que se desplazaron para crear estos canales. Según sugieren los investigadores, replicar una tarea así con la tecnología actual no sería viable en el corto plazo. A esto se suma, otro estudio para completar lo que se sabe de los cultivos del pasado.
Una declaratoria, ¿para qué?
Si la historia de Colombia se representara en un día, el poblamiento indígena anterior a la Conquista ocuparía las primeras 23 horas . En contraste, la existencia de la Colombia moderna, la república que surgió tras la disolución de la Gran Colombia en el siglo XIX, ocuparía solo los últimos 30 minutos. A pesar de esta gran extensión de tiempo, es aún mucho lo que desconoce sobre el pasado del territorio nacional.
Por esta razón, existen en Colombia las figuras de Áreas Arqueológicas Protegidas de las cuales se han declarado 22 y la de Parques Arqueológicos de los cuales el ICANH se encarga de la gestión de 5 de ellos. Se trata de sitios excepcionales y de gran tamaño que permiten dar una mirada al pasado. Entre estos se encuentran San Agustín, los Hipogeos de Tierradentro (una serie de tumbas colectivas subterráneas), Ciudad Pérdida en la Sierra Nevada, entre otros. Ahora, el objetivo del Gobierno Nacional es incorporar la Mojana a estas zonas como el Area Arqueológica Protegida número 23.
Para Carl Langebaek, doctor en antropología de la Universidad de Pittsburgh, investigador de Los Andes y autor del libro ‘Antes de Colombia: los primeros 14.000 años‘, este tipo de declaratorias son fundamentales, pues “el material arqueológico es finito, y más de este tipo. Hay, además, un proceso de destrucción de esta riqueza arqueológica que es dramático, lo que pide este tipo de protección en parámetros serios”.
En ese sentido, el ICANH se encuentra trabajando con la comunidad para lograr acuerdos para asegurar su protección, y evitar mayores transformaciones de la zona que ya se encuentra bastante afectada: se estima que solo queda el 9 % de lo que fue en su máximo apogeo. La declaratoria, según indicó el ICANH, al El Espectador, se daría en 2026.
Para investigadores como Rojas, de la UdeA, los hallazgos revelan como se puede “aprender del pasado”. A diferencia de las intervenciones modernas, que suelen ser individualistas y poco armónicas con los ecosistemas, dice, las comunidades ancestrales lograron un manejo diferente: no se trataba de contener, sino de distribuir. “Esto muestra cómo se puede vivir en una zona como estas sin destruirla”.
*Nota del editor: Esta nota fue modificada por recomendaciones técnicas del ICANH.
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