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Uribe: el gran elector de Mockus

Rodolfo Arango
14 de abril de 2010 – 10:50 p. m.

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LA OPCIÓN PRESIDENCIAL DE MOCkus-Fajardo tiene un enorme valor simbólico y práctico.

Ocho años de violación de la ley y a la ética por las altas esferas del Gobierno desmoralizan a cualquiera con un mínimo de sentido moral. Uribe ha resultado ser el mejor elector de Mockus. El cuarteto de ex alcaldes ha sabido interpretar el hastío que produce en la población la moral del avivato. La campaña verde le ha declarado la guerra al verdadero enemigo de los colombianos: la corrupción.

En cualquier país no dominado por la propaganda y el miedo, uno solo de los escándalos de los últimos años habría bastado para despedir al Gobierno: la yidispolítica; el affaire Tasmania; los “falsos positivos”; las interceptaciones ilegales; la extradición de la verdad paramilitar; la visita de criminales a Palacio; las zonas francas para delfines; el transfugismo; el asedio a los jueces; Incoder; Carimagua; Agro Ingreso Seguro. La bondad del pueblo no debe confundirse con la estupidez. Éste reconoce las cortinas de humo que intentan asociar los “falsos positivos” a una supuesta mafia infiltrada en el Ejército o negar la relación entre incentivos oficiales y asesinatos de inocentes. Las interceptaciones ilegales a magistrados, periodistas y opositores no podían ser desconocidas por los residentes de la Casa de Nariño, más cuando los informes allegados al Alto Gobierno eran fruto de violaciones reconocibles por el contenido de los documentos mismos. Cualquiera entiende que no denunciar sino hacer uso de informes sobre conversaciones privadas intervenidas sin orden judicial, es hacerse parte de una empresa criminal, más si el responsable del órgano ejecutor de las chuzadas es el propio Presidente de la República.

El país tiene motivos para estar esperanzado. La indignación moral ante tanto abuso puede expresarse finalmente en las urnas. Existe hoy una opción que quiere apostarle al ejercicio del poder según principios. La recuperación de la ética pública es condición necesaria para la prosperidad general. La juventud tiene clara conciencia de la necesidad de un cambio en el modo de ejercer el poder. Es hora de recuperar el respeto del otro para recuperar el autorrespeto. La ola verde crece y crece. El Polo y el Partido Liberal han cumplido una costosa y meritoria tarea de fortalecimiento de sus partidos y de la responsabilidad política, sin importar la sucia campaña que les sonsaca sus integrantes a cambio de gabelas burocráticas. Ojalá sus directivos sepan interpretar los deseos de la población y, oportunamente, apoyen la recuperación del Estado de derecho, para luego sí adelantar las políticas sociales que el país implora y que el Partido Verde aún no ofrece.

Si la campaña de Uribe a favor de Mockus se mantiene, como es previsible con tanto escándalo justificado, el educador posiblemente gane en primera vuelta y le ahorre miles de millones al país. Este ahorro podría invertirse en ambiciosos planes verdes para la defensa del medio ambiente, amenazado por el saqueo de recursos naturales y mineros por parte de la fiebre inversionista. Los partidos amarillo y rojo podrían hacer importantes aportes a la lucha contra la miseria y la angustia del rebusque y el subempleo, en la búsqueda de independencia económica y política, del fortalecimiento del sindicalismo y a la clase trabajadora para dignificar el trabajo y contrarrestar la cultura del dinero rápido y fácil que se ha instalado en las mentes de muchos compatriotas.

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