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Sergio Galván igualó la marca de 217 goles que tenia Iván René Valenciano y seguramente en los próximos días se convertirá en el máximo artillero de la historia del fútbol profesional colombiano. Vaya, que meter 217 goles es toda una machada, toda una hazaña, es todo un legado. El récord apenas está empezando y Galván todavía tiene cuerda para pasar de largo.
Galván es un tipo querido y simpático, un señor decente al que no se le conocen actitudes descompuestas y que se ha ganado el cariño de la gente por donde ha pasado, inicialmente en Manizales, donde lo nacionalizaron colombiano y se cansó de meter goles por la franela del elenco manizaleño; por Atlético Nacional, donde hizo muchos menos pero también dejó constancia de sus buenos modales, y ahora en el América, probablemente cerrando el capítulo de su historia, en el que gana por sus lecciones de vida y su respeto profesional.
No será fácil emular a Valenciano y Galván por varias razones. La principal es que no viene nadie en camino con una sumatoria de goles que permita predecir un artillero de marca mayor. Cuando sale un goleador, uno de verdad como Jackson Martínez o como Teófilo Gutiérrez, de inmediato las exigencias de la economía de mercado, vigentes hoy más que nunca, obligan a venderlo al extranjero. Se van jovencitos, emigran muy temprano y pueden marcar muchos goles afuera como Radamel Falcao García, en Portugal, pero esos no cuentan para el registro interno.
También existen razones de orden táctico que harán muy largo el récord de Galván y muy difícil de igualar. El fútbol hoy es más cerrado, hay menos espacios, se marca mucho más y la fluidez ofensiva es menos generosa con los delanteros de punta.
Los récords están ahí, para batirlos, pero algunos se convierten en auténticas leyendas y este de Sergio Alejandro Galván Rey durará muchísimos años. Como ha durado el de Roberto Cherro en Argentina como máximo artillero de la historia de Boca Juniors frente a Martín Palermo. Si, se caen, los rompen, pero hay que trabajar mucho para conseguirlo y por ahora no se ve quién tenga tanto pelo para hacer la moña.
Felicitaciones, Sergio, y ahora a concluir la tarea de tantos años. Un tipo correcto como usted se lo merece…