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Marleny Hernández, brinda esperanza con el ballet

Categoría: Cultura
Por: Carolina Ardila

Por Redacción Cromos
12 de febrero de 2016
Marleny Hernández, brinda esperanza con el ballet

No ha salido el sol y ya suena música clásica en el pequeño salón de ensayo de la Fundación Festival Art, en el barrio El Polo en Bogotá. El lugar es algo viejo, algunas paredes ya presentan pequeñas grietas y las tablas crujen con cada movimiento de los chicos. Los jóvenes siguen las indicaciones de la estricta profesora de ballet, Natali Sarmiento: “Glissade, épaulament, fondu, révérence”, les dice.

Entre los bailarines hay uno que destaca: Julián Mendoza, tiene 15 años y es una de las tantas historias de superación y esperanza que danzan en este espacio. Tenía seis años cuando llegó a la academia; dividía su tiempo entre el colegio, las ventas ambulantes y la calle. Su vida era como la de muchos niños en Colombia, y eso fue lo que preocupó a Marleny Hernández, directora de la fundación.

“Los niños que vienen a las clases de ballet son niños mayores de seis años de población vulnerable. Algunos han sido usados para pedir limosnas en los buses, para cantar; les dicen que son los mejores cantantes, que tienen que producir $40.000 en cuatro horas, que este es su proyecto de vida, o simplemente que hay que llevar dinero a la casa, cueste lo que cueste”. Por eso creó la academia de ballet, para brindarles a los pequeños otras oportunidades de vida.

Julián ha sido uno de los 50 niños beneficiados. Está becado en la Sarasota Cuban Ballet School, en La Florida, Estados Unidos y lo encontramos en la academia practicando, está en Colombia de vacaciones. Después de terminar su práctica, de quitarse las mallas y las zapatillas, habló con nosotros: “El ballet es lo que me da vida, porque sin el ballet yo no hubiera tenido un rumbo fijo ni una seguridad de lo que iba a ser mi futuro”. Hoy no duda ni un solo segundo de que su sueño será bailar siempre de puntas.

La vida de Julián era muy dura antes de conocer el baile. Él no se presentó, como los demás, a las audiciones que hacía Marleny en los colegios de Ciudad Bolívar. “Era un niño grosero, rebelde, problemático, al punto que la profesora me pidió que me lo llevara para tratar su agresividad”, recuerda la directora. 

Julián empezó a ensayar sin mucho entusiasmo, hasta el día que le dieron un papel protagónico. “Ese día cambió de actitud y empezó a ensayar hasta que se convirtió en el mejor de la academia”, recuerda Natali. 

Mientras Marleny está sentada frente a su computador, haciendo cuentas para ver cómo va a pagar el pasaje de Julián para que regrese a La Florida, nos cuenta que la idea de la escuela nació de la mano de su hija Natali, la estricta profesora. Ella era bailarina de ballet y por una lesión dejó de bailar; pero su sueño no quedó ahí: las dos decidieron montar una academia donde los niños de escuelas públicas se pudieran enamorar del arte. “Queremos que sean profesionales en danza —cuenta Natali. Nosotros les buscamos los recursos económicos para que puedan ser bailarines profesionales, tratamos de suplir todas las necesidades que tengan; o sea, acá hay niños que no tienen para comer, para almorzar” 

Al mediodía, Marleny sale de su oficina y camina hacia la puerta, ahí saluda a cada uno de los niños por su nombre y los acompaña al comedor. Después del almuerzo, frente a los grandes espejos de la sala de ensayo, las niñas se peinan y se amarran sus zapatillas, mientras los niños se cambian los pantalones, algunos rotos y sucios, por ajustadas trusas. Así, con las notas clásicas de fondo, se da inicio a una nueva clase de danza empinada.

Con esta experiencia, Marleny demuestra que el ballet no es una danza elitista. Ella quiere que en cada ensayo, sus bailarines encuentren disciplina, pues dice que el ballet genera en ellos un reto diario para cumplir sus sueños. Por eso al entrar al salón donde la magia surge, en el espejo se lee la siguiente frase que ella misma escribió: “Este salón es para uso exclusivo de los mejores atletas de la vida, aquí reconstruimos vidas, alcanzamos metas y cumplimos sueños. Formamos campeones”.

Fotos: Cortesía Caracol.

Redacción Cromos

Por Redacción Cromos

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