
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Como respuesta a la crítica de una campaña floja en ideas, los candidatos a la Presidencia han multiplicado sus promesas en los últimos días. Más allá de las propuestas puntuales, ¿cómo se puede definir el entramado ideológico de los cinco candidatos?
Para conocer sus fundamentos y esencia se estudiaron 200 textos que van desde el 2012 hasta el pasado mes de abril. Los textos incluyen columnas de opinión en los principales medios nacionales, entrevistas, discursos, programas políticos y comunicados de campaña.
El análisis de estadística textual y el estudio de su vocabulario permiten afirmar que, de todos los candidatos, el discurso de Peñalosa es el más cercano al del presidente Santos. Su afinidad reside en el proceso de paz. Asegura que “el proceso político en marcha más importante es el proceso de paz”. Lo apoya aunque lo define de manera general: “No es posible la paz con impunidad, pero tampoco es posible la paz sin generosidad”.
Es quien menos crítica al gobierno. No habla de mermelada pero si de politiquería. Poco de justicia, seguridad, empleo, Farc, economía o pobreza. El corazón de su discurso está en las propuestas locales. Nombra a los pobres, los niños, los maestros, los ciudadanos o los hogares. Sueña con un país donde predomine la calidad de vida de las ciudades. Habla constantemente de renovación urbana. Su proyecto incluye mejorar la calidad de vida, promover ciudades sostenibles, creación de parques, colegios o reservas para recuperar el campo. En gran medida, no se libera de sus hábitos de alcalde.
Difícil enmarcarlo en el espectro ideológico de la izquierda. Ni por sus contenidos ni por su esencia. A pesar del apoyo de algunos Progresistas, es crítico de la izquierda colombiana, que califica de anticuada y sesentera. Considera que “sus propuestas estatizantes” han fracasado en muchas partes del mundo. Y asegura: “la única manera como las ciudades pueden desarrollarse hoy es con inversión privada”.
De todos los candidatos, es quien más habla de educación, investigación y docentes. Insiste en la necesidad de estímulos a través de programas de becas y de garantías de continuidad en los planes de educación, independientemente de los gobiernos de turno. Es difícil concebir su modelo con una visión de izquierda sin educación pública gratuita, que es un derecho fundamental.
En cuanto a Clara López, recoge ideas que alimentan el debate y la reflexión sobre temas de fondo pero que no necesariamente son los más llamativos en la campaña. Habla de poco espacio para la oposición constitucional y denuncia las pocas garantías y la estigmatización que ha tenido. Afirma que es necesario un cambio de modelo que, nutriéndose de varias escuelas de pensamiento, pueda adaptarse a la realidad colombiana.
Ese modelo comienza por renegociar los TLC, garantizar empleo y plantear una sociedad más justa, incluyente y equitativa. Insiste en la creación de políticas de industrialización y apoyo al campo. Su candidatura es la que más desarrolla ejes sociales. Habla de justicia y desigualdad social, denuncia la criminalización de la protesta y la inconformidad social. Su concepto de derecho tiene un amplio significado.
Propende por un Estado que ofrezca derecho a la educación pública gratuita, a la salud, a la información, a la vivienda, a la propiedad privada y a la sindicalización. Toca temas como inclusión, luchas sociales y conflicto armado. Su corpus ideológico contiene raíces históricas profundas. Rescata en sus discursos planteamientos de grandes pensadores, economistas y humanistas como Gandhi, Thoreau, Stiglitz o el papa Francisco.
En el otro espectro del espacio ideológico está Marta Lucía Ramírez. Su discurso refleja la necesidad de unificar un partido desintegrado. Menciona a los ideólogos tradicionales del partido, Ospina Pérez, Misael Pastrana, Álvaro Gómez, Gilberto Alzate o Belisario Betancur. Sus valores son capitales: familia como eje de la sociedad, meritocracia, esfuerzo, compromiso, acatamiento de la ley y orgullo nacional.
Sus ejes temáticos son la seguridad y la justicia. A diferencia del uribismo, insiste en la necesidad de crear instituciones fuertes y acepta la existencia del conflicto armado. Aboga por la consolidación de un sólido partido y sus propuestas se centran en la necesidad de profundizar en el desarrollo económico, industrial y rural. Recoge tesis del gobierno Uribe como seguridad, libertad o imperio de la ley. El libreto uribista se advierte en sus múltiples menciones a la patria y el alma.
En cuanto a Óscar Iván Zuluaga, a pesar de insistir en sus últimos comunicados que su prioridad es la educación y el pleno empleo, este giro en su discurso es eclipsado por el fundamentalismo uribista. Sus palabras reiterativas son: terrorismo, Farc, Venezuela, patria, terroristas, Castro-chavismo, criminales, delitos, impunidad, secuestro, policías. En ejes temáticos, se destacan la economía, el valor de la libertad y la seguridad.
Su discurso, más que propositivo, es inquisidor hacia la izquierda democrática, Venezuela y Cuba. Se encuentran más referencias a Venezuela que a Colombia. Desea recuperar supuestos valores perdidos de la Seguridad Democrática como “el derecho a recorrer el país sin miedo”. Las bases del Estado comunitario como el empoderamiento de la comunidad y el regreso a los Consejos Comunales son ejes que recalcan el libreto de Uribe. Cree en la paz sin impunidad y asegura que Santos entregó las llaves de la paz al chavismo.
En cuanto al discurso del Presidente-candidato, su valor fundamental es la paz. Es el único que habla de posconflicto. El tema social, la política y la economía están ligados a la paz. En ocasiones insiste que es necesario prepararse para la paz, para lograr una generación en paz que respete la diversidad, que se vayan cicatrizando las heridas y que se dé paso a la reconciliación.
Su discurso tiene otro fuerte: el vocabulario de la seguridad como escudo ante las críticas de Uribe. Crimen, víctimas, policía, hampones, ollas, hurtos, homicidios, robo, policías, delincuencia, conflicto y bandas criminales, son referencias frecuentes. Su discurso está centrado en convencer a través de cifras y datos. Por eso insiste en los resultados de su gestión que, en ámbitos como reformas a la justicia, la salud y la educación, fueron pobres.
El poco interés despertado en su discurso puede deberse a que el presidente está ausente de la campaña y a que, por estar a la defensiva, busca convencer con la razón y no cautivar con las pasiones ni con las emociones.