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Vacuna contra la cocaína

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NO ES BROMA. LA CIENCIA VIENE DANdo pasos serios para fabricar una vacuna contra la adicción a la cocaína.

Se trata de una proteína bacteriana a la que se le añade una molécula parecida a la cocaína, la cual provoca la generación de anticuerpos en el sistema inmune que, además de la reacción, ataja el ingreso de la droga al cerebro (Begley, S., Newsweek, marzo 15).

El asunto da para todo tipo de especulaciones y es tan incipiente que para muchos deberá sonar a ciencia ficción. Pero aunque estas movidas milagrosas pueden tener más alboroto en los medios que realidad palpable, lo cierto es que un descubrimiento de esta naturaleza no sólo sería crucial para los adictos sino para un país como Colombia.

Si la adicción puede ser derrotada, el balance geopolítico en Colombia cambiaría dramáticamente. Aún si persistiese un uso recreacional de la cocaína, una vez usted tenga controlado al núcleo duro de consumidores, el poder de la mafia se debilita dramáticamente.

Todos estos esfuerzos caen dentro de lo que está de moda: un retroceso de las psicoterapias tradicionales frente al auge de la neurofisiología cerebral. Las acciones de nuestro héroe, el padrecito Freud, van a la baja de manera seguramente irremediable. Ya hay psicólogos que dicen que Freud no pasó de ser un buen escritor, no ajeno a fabulaciones estrambóticas más bien del corte de Alicia en el país de las maravillas.

Una noticia deprimente para quienes hemos alimentado nuestra vida espiritual con las enseñanzas del padrecito, quizá más por masoquismo que por otra cosa. Porque eso de tener el deseo inconsciente de arrastrarle el ala a la mamá y exponerse a la reacción del padre, castración incluida, puede ser cualquier cosa menos agradable. Y en cuanto a la mujer, qué cosa más patética. Una vieja amiga londinense, menor que yo varias generaciones, me mandó al lugar adecuado cuando le planteé el tema de Freud, queriendo pasar por sabihondo. ¿Envidia de pene yo? me dijo con agresividad manifiesta. Viejo cazurro.

Pero el clímax de la fisiología cerebral y el uso de fármacos para todo tipo de patologías es sólo un eslabón adicional en una cadena que ya tenía antecedentes. Con el materialismo, matamos el alma. Esa creación escolástica imperecedera, que iba por su lado sin tener casi nada que ver con este valle de lágrimas, a la espera de liberarse de la molesta caparazón carnal para resurgir purificada el día de la resurrección de los muertos. ¡Vaya cuento!

Ahora, segundo acto, el cerebro mató la mente. Todo ese territorio ignoto y usualmente inexplicado de una vida espiritual que está ligada —ésta sí— al cuerpo pero no forma parte de él, con un contenido inmaterial inefable, ha cedido el paso al cerebro: una glándula, un pedazo de carne que, activado por dopaminas, hormonas y todo tipo de menjunjes, es suficiente para explicar desde una erección hasta la teoría de la relatividad.

Pobrecito Freud si en vez de diez años en el diván, basta con comprar una píldora en la farmacia de la esquina.

Pero si el resultado es acabar la adicción a los fármacos, bien enterrado padrecito. Una lágrima por ti.

***

Que Mockus haya revelado voluntariamente su estado de salud es un acto inigualable de decencia.

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