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De Mockus, Fajardo y Clara

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FUE UN SALTO ADELANTE EN LA POLÍtica colombiana la alianza Mockus-Fajardo, como lo había sido la unión de los Tres Tenores, los ex alcaldes de Bogotá Lucho Garzón, Antanas Mockus y Enrique Peñalosa, quienes ya le habían mostrado al país que sí existe una nueva forma de hacer política, una que no ventila odios sino que busca convergencias; que depone rivalidades y persigue metas; que construye y no destruye; que educa más que castiga; que unifica el país y no lo divide.

Y un salto mucho mayor sería que, ahora, los matemáticos y educadores Mockus y Fajardo (también ex alcalde de capital, quien escogió como lema de su administración el de “Medellín, la más educada”), fueran capaces de encontrar convergencias programáticas con los candidatos a la Presidencia y a la Vicepresidencia del Polo, Gustavo Petro y Clara López, dos economistas inteligentes y bien preparados, dados más a llegar a acuerdos políticos que a permanecer atados a recalcitrantes fundamentalismos de izquierda.

No obstante que Mockus ya dijo que no ve muy factible una alianza con el Polo porque entre su Partido Verde y éste hay distancias en temas clave, y a pesar de que Clara López (¡enhorabuena nueva presidenta de la izquierda!) afirmó que está dispuesta a contemplar alianzas con otras fuerzas pero sobre la base de un cogobierno, e insistió en que espera que su candidato, Gustavo Petro, llegue a la segunda vuelta, no suena absurdo imaginar un gobierno donde participen todas esas fuerzas y, cada una, se encargue de dirigir el área donde más experiencia tiene, por supuesto, luego de haber sellado entre todos una alianza basada en metas y programas comunes.

Por ejemplo, cómo sería de beneficioso para Colombia que Mockus impregnara el país de su civismo y de su cultura ciudadana, y que coordinara que Fajardo dirigiera la política de educación y lograra, como lo prometió en su campaña, “escribir la página del talento”, de modo que para todos los niños y jóvenes del país fuera un derecho, y no un privilegio, encontrar abiertas las puertas y las oportunidades; que Peñalosa impulsara que Colombia progresara y creciera de manera armónica y acelerada; que Lucho manejara la política social, de forma que su Bogotá sin hambre se convirtiera en una gran Colombia sin hambre y con salud para todos; que Petro diseñara la política agraria y les restituyera la tierra a los despojados de ella; y que Clara (graduada en economía, con honores, en la Universidad de Harvard) fuera la Ministra de Hacienda de ese gobierno incluyente, justo, transparente, para el cual la prioridad serían los libros y los lápices en vez de las metralletas y las balas.

Ahora, por supuesto que hay grandes diferencias en la forma de pensar de todos. Pero también hay enormes coincidencias. Y es a partir de éstas, y de la inteligencia de ellos para identificarlas y acrecentarlas, al igual que para minimizar las discrepancias, como Colombia podría, ahí sí de verdad, dar el gran salto hacia la expansión y profundización de la educación, del desarrollo de la ciencia y la tecnología, del progreso, de la conciencia ciudadana, de las oportunidades, de la equidad, de la justicia y, por ende, de la paz.

Me dirán que soñar no cuesta nada… Pero es a partir de los sueños que se construyen las realidades, máxime si no se vislumbran diferencias insalvables que impidan diseñar un programa común que ellos defiendan con entusiasmo y que nosotros —quizás la mayoría del país— apoyemos con confianza.

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