
La siembra vaginal consiste en adquirir muestras de los fluidos vaginales de la nueva madre, los cuales son aplicados sobre los ojos, la piel y la boca del bebé, cuando ha sido traído al mundo mediante una cesárea.
Cuando el recién nacido entra en contacto con las bacterias que se encuentras activas en el canal vaginal, hacen que las intestinales aumenten de manera más rápida y a su vez reduzcan el riesgo de contraer algunas enfermedades.
Sin embargo, esta nueva práctica podría ser peor que las mismas bacterias que ya tiene adquiridas el bebé. Expertos aseguran que existen una serie de «riesgos potenciales» que muchos padres desconocen y que además son factores que inciden en el desarrollo de enfermedades como la clamidia, la gonorrea o el virus del herpes simple. Estudios revelaron que los bebés nacidos por cesárea tienen un riesgo mayor a desarrollar trastornos a lo largo de su vida.
Del mismo modo, un estudio en Noruega encontró que los bebés nacidos por cesárea tienen un 52% más de probabilidad de sufrir de asma que los nacidos por parto vaginal. La obesidad, las alergias y algunas enfermedades intestinales están relacionadas directamente con esta práctica que empezó a tener acogida en Australia, y se ha venido popularizando en otras partes del mundo, incluida América Latina.
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