¡Bienvenidos al pasado!

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El expresidente Santos le puso fin a las Farc, el grupo guerrillero más antiguo del continente, culpable de incontables muertos y heridos, viudas y huérfanos, atentados y desplazados, más millones gastados en armamento para combatir la insurgencia y millones gastados en ruinosos daños de infraestructura. Pero al concluir su gestión miles no se lo creyeron y miles más no se lo aplaudieron.

Además, durante sus ocho años de mandato el pueblo de Colombia vio una innegable mejoría en su calidad de vida. Varios países de América Latina siguen estancados e incluso otros, como Venezuela, sufren el deterioro y el retroceso, pero en Colombia en la última década se ha reducido la pobreza general y la absoluta, el desempleo, el analfabetismo y la desnutrición, y han mejorado los servicios públicos, el acceso a la energía, a las redes de internet, a la salud básica y al progreso en general. Pero mucha gente tampoco estuvo dispuesta a reconocer nada de eso.

Claro: esta mejoría en la calidad de vida en Colombia no es sólo fruto del gobierno Santos. No desconozco los aportes de otros presidentes del pasado. En cambio, los detractores de Santos se empeñan en ignorar los logros de su mandato.

Se le critica a Santos que fue blando con la guerrilla. Pero se olvida un detalle: que el presidente dio de baja, además del Mono Jojoy y Alfonso Cano, a 53 cabecillas de las Farc, y obligó a la guerrilla a sentarse en la mesa de negociaciones. Se le critica que en su proceso de paz hubo un exceso de concesiones a los excombatientes, incluyendo ventajas jurídicas y curules en el Congreso. Pero se olvidan otro par de detalles: que éste era el primer proceso de paz en la historia que tenía condenas (en todos los anteriores había amnistía general), y que en todos los otros procesos de paz en Colombia, empezando con el del M-19, hubo concesiones legales o políticas. Y se olvida un detalle más: que no era posible una negociación de paz sin concesiones. Para algo así tendría que haber una rendición, y las Farc, cosa que también se olvida, nunca se rindieron. De manera que el uribismo explotó todos estos olvidos para desprestigiar un proceso de paz que, aun así, culminó con el desarme de las Farc.

Sin duda, hubo errores en el gobierno de Santos. Y muchos. Y graves. Como el incremento de cultivos ilícitos, el aumento de la inequidad, la corrupción y, peor aún, la mala implementación del proceso de paz. Pero hay mucho que celebrar, y por eso prevalece una sensación de engaño en el electorado.

Porque nos prometieron una nueva era, un pasar la página para dejar el pasado atrás, sepultando las rencillas y la polarización de estos años y reconciliando a todo el país para avanzar juntos hacia un futuro esperanzador. Pero el inoportuno discurso de Ernesto Macías en la posesión del presidente Iván Duque, y su celebración eufórica de parte de todo el uribismo, y la falta de críticas al mismo de parte del nuevo jefe de Estado, sugieren, en cambio, un retorno a las divisiones y a los odios que tanto daño nos han hecho. Entonces resulta claro lo que siempre se temió: que los peores enemigos de este presidente serán sus amigos. Porque el discurso de Macías, lleno de errores y falacias, me recordó la famosa proclama de César Gaviria en 1990, pero tristemente al revés: Bienvenidos al pasado.

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