La madurez de Portugal. The man

La banda originaria de Alaska se presentó por segunda vez en el país este sábado en el Festival Estéreo Picnic. Vinieron a presentar su octavo disco, Woodstock

El nombre de Portugal. The man, que está clasificado como uno de los más tontos según Rolling Stone, usa un país (el primero que les vino a la mente a los miembros) por ser un grupo de gente, al igual que una banda.  / Cortesía Festival Estéreo Picnic
El nombre de Portugal. The man, que está clasificado como uno de los más tontos según Rolling Stone, usa un país (el primero que les vino a la mente a los miembros) por ser un grupo de gente, al igual que una banda. / Cortesía Festival Estéreo Picnic

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Beavis y Butt-head aparecen en la pantalla del escenario Tigo del Festival Estéreo Picnic. Como siempre, el par de adolescentes, creados por Mike Judge, están viendo televisión y esta vez la víctima de sus comentarios es el video de Feel it still, la canción que catapultó a Portugal. The man a la fama viral.

Fieles a su esencia, los personajes que durante los 90 hicieron parte de la franja animada de MTV, lanzan comentarios mordaces sobre el arte del video y la aparente delicadeza de la música que lo acompaña. Rápidamente, sin embargo, la conversación pasa a deshacerse en elogios hacia la banda originaria de Alaska, finalizando en etiquetarla como una de las más grandes del mundo.

Lo que sucede a continuación deja sorprendidos a los asistentes del Festival que conocen a la banda de manera superficial y a quienes no pudieron verlos cuando vinieron por primera vez en 2014. En vez de abrir el concierto con Feel it still, o Live in the moment, otro de los temas más sonados del grupo, Portugal. The man arrancó tocando For whom the bell tolls, de Metallica, y Another brick in the wall, cuyos ritmos, estridentes en la primera y cercanos al funk en la segunda, marcarían la pauta para el resto del concierto.

Es que, si juzgaramos a la banda por sus canciones más comerciales, nos quedaríamos con la idea de un grupo de pop alternativo que por momentos usa recursos del rock para darle contundencia a sus canciones. Sin embargo, un repaso juicioso por su discografía -han publicado ocho discos desde 2006- revela que, de hecho, se trata de un conjunto enteramente dedicado al rock alternativo y que gusta de experimentar con otros géneros como el pop, el funk y la psicodelia.

Canciones como Purple, yellow, red and blue, Number one, Creep in a T-Shirt, Children of the revolution, Atomic man, Modern Jesus y All your light, que hicieron parte del repertorio del pasado sábado, así lo demuestran. Varias de ellas mantienen los falsetes característicos de Live in the moment y Feel it still, mientras que otras apelan a una voz más rasgada que dan cuenta del talento vocal de John Gourley, el líder de la banda que se rodea muy bien con bajos pausados, sintetizadores discretos, rifs de guitarra profundos y solos dramáticos, de corte épico.

Pero de esa capacidad musical no fue lo único que dieron cuenta los seis norteamericanos el sábado pasado en Briceño. También vinieron a demostrar que no son los mismos que se presentaron en 2014, y no sólo porque desde entonces se haya retirado Kane Ritchotte y se hayan unido Jason Sechrist y Eric Howk, sino por la forma en la que han madurado como músicos en esos cinco años.

De ello es prueba la historia detrás de Woodstock, el más reciente álbum de la banda y del que provienen Feel it still, Number one y Live in the moment. Todo arranca en 2014 cuando el grupo comienza a trabajar en su octavo disco, Gloomin + Doomin, como lo bautizaron dos años después. Un año más tuvo que pasar hasta para que el grupo decidiera desechar la idea y comenzar un nuevo producto desde cero. 

La razón, dirían de numerosas entrevistas, era la falta de calidad y contenido en Gloomin + Doomin. “Queríamos decir algo que importara”, explicó en su momento Gourley, haciendo referencia a la necesidad de usar la música para hacer comentarios sobre temas sociales y políticos, como se hizo durante el festival de Woodstock hace 50 años. 

De ahí el nombre del último disco y otras tantas decisiones creativas que tomó la banda con respecto a sus shows, que también se vieron en la presentación del Estéreo Picnic, como el uso intencional de la iluminación para generar más siluetas que imagenes claras de los miembros de la banda, que se entiende como un recurso que busca darle protagonismo a la música sobre el artista.

Esta idea la refuerza el uso de mensajes escritos, muchos de ellos mordaces e irreverentes, en las pantallas que apoyan la presentación. De estos, llaman la atención el primero en que indican que no son muy buenos para interactuar con el público y el penúltimo, que asegura que “no hay ordenadores aquí, solo instrumentos tocados en directo”, antes de anunciar que efectivamente van a tocar “esa” canción, refiriendose a Feel it still, con la que cerraron el show. 

La última pista que demuestra cuánto ha crecido la banda, es su lugar dentro del propio Estéreo Picnic. A diferencia de 2014, cuando se presentaron en uno de los escenarios secundarios a las seis de la tarde, este año tuvieron espacio en la tarima principal a las siete de la noche, convirtiendose en una antesala hipnótica, que calentó los motores de la manera correcta para el Grupo Niche y Underworld, y en un acierto por parte de los organizadores del festival. 

 

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