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En poco más de una semana, el dañado y necesitado de sangre nueva Partido Republicano de Estados Unidos ha perdido a dos de sus nacientes estrellas. “He sido infiel a mi mujer”, admitió Mark Sanford, 49 años, Gobernador de Carolina del Sur y presidente de la Asociación de Gobernadores republicanos. Antes de inmolarse ante las cámaras, lloroso –también moreno, muy moreno, tras su escapada lejos de casa–, el Gobernador estuvo desaparecido cinco días.
Durante ese tiempo hubo revuelo, preocupación, nervios a los que se puso punto y final con la explicación de su equipo de Gobierno de que Sanford estaba haciendo senderismo en los montes Apalaches. Nada más alejado de la realidad.
Mark Sanford había pasado el fin de semana del Día del Padre –tiene cuatro hijos– en Buenos Aires, con su amante argentina. Eso sí, según confesó Sanford el jueves, la razón por la que había viajado hasta el cono sur fue para poner fin a la relación con María Belén Shapur, de 43 años. Faldas y más faldas lastran al vetusto GOP (Great Old Party).
“Cuando los republicanos hablan de valores familiares, la gente pone gesto incrédulo”, comentaba el jueves en el diario The Washington Post, Matthew Down, quien fue asesor del presidente George W. Bush aunque su relación acabó en ruptura. La confesión de Sanford y poco antes la del senador de Nevada John Ensign, quien confesó un romance extramatrimonial ante la amenaza de un chantaje con una antigua compañera, esposa de otro antiguo colega político, ha sido otro revés para los republicanos, carentes de liderazgo y en estos momentos con déficit de valores a los que apelar.
“La Saga Sanford acaba con otra nueva generación dentro del Partido Republicano de cara a las elecciones de 2012”, se leía el jueves en el Post. “He dañado a mucha gente”, reconocía Sanford en la rueda de prensa de su redención. No habló de dimisión pero todo el mundo la da por hecha.