El conflicto sigue, sí

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Sin lugar a dudas, el conflicto en Colombia continúa, pero una lectura tan restringida como la que se presenta en el editorial del 13 de agosto no ayuda en nada en la comprensión de su continuidad ni en la búsqueda de alternativas para alcanzar una solución definitiva. A la fecha, en Colombia hemos sido incapaces, como sociedad y Estado, de cerrar un conflicto armado de más de 50 años, en parte, porque continuamos negando las raíces del mismo. Sin buscar soluciones estructurales, el Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera, consignado entre el Gobierno Nacional, en representación del Estado colombiano, y las Farc-EP, reconoció que el conflicto armado hunde sus raíces en problemáticas irresueltas a nivel agrario, participación política, solución a los cultivos de uso ilícito y reparación integral a las víctimas. Si queremos transitar hacia una sociedad que ponga fin al vínculo entre violencia y política, no puede haber duda alguna en la solicitud hecha por parte del presidente Iván Duque al Eln de abandonar toda acción armada. Lo que sí objetamos es que este llamado no se extienda a las organizaciones paramilitares que se despliegan por todo el territorio nacional aterrorizando a líderes y lideresas sociales y a los excombatientes de las Farc-EP comprometidos con la construcción de paz en los territorios. Si somos certeros y logramos comprender que poner fin a un conflicto como el colombiano no es tan sólo silenciar los fusiles, también debe haber una posición férrea en relación con la exigencia como sociedad de que el Estado cumpla el compromiso ético que adquirió con todo el país y la comunidad internacional de democratizar el acceso a la tierra, respetar los derechos de quienes se declaran en oposición y reparar integralmente a las víctimas del conflicto. Todo ello está contenido en el Acuerdo Final; su implementación de manera coherente aterra a quienes han hecho del conflicto una mina de oro y su caballito de Troya para legitimarse ante la opinión pública. Quizás por ello buscan hacer trizas lo acordado. ¿Esa es la voluntad de paz del Gobierno Nacional? ¿Cuál es el compromiso con la paz de El Espectador y los medios masivos de comunicación en Colombia? ¿Qué estamos dispuestos a hacer como sociedad para que los niños y las niñas dejen de morir de desnutrición… para que los politiqueros no despojen las arcas de escuelas y hospitales… para que los ejércitos privados no vulneren la vida y dignidad de quienes luchan por una mejor Colombia? El conflicto sigue, sí, en parte porque no somos capaces de ver el panorama completo y nos empeñamos en señalar lo evidente y congraciarnos con los poderosos del momento. Que cese todo uso de la violencia y se activen todas las formas de construir paz en y desde los territorios.

Juan Pablo Torres Henao.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido