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La primera fase de la transición del sistema político generada por el acuerdo con las Farc ya se produjo, en lo electoral. Falta la segunda fase, la de la gobernabilidad.
Se dio la transición en lo electoral porque el acuerdo terminó por fin la era de la Guerra Fría que había prolongado el conflicto con las Farc, marcado por la legitimación de los partidos por el anticomunismo y el consecuente monopolio de la centroderecha. La alternativa de izquierda que representó Gustavo Petro no solo fue una real opción de poder por primera vez en la historia (o desde Jorge Eliécer Gaitán), sino que parece tener la capacidad de consolidarse como una oposición representativa del electorado que apoyó una opción opuesta a la que ganó las elecciones.
La fase de gobernabilidad basado en el sistema de gobierno/oposición se da fundamentalmente por el estatuto de la oposición, bloqueado por los partidos desde que se previó en la Constitución de 1991. Tratándose de una figura nueva, ajena a la tradición política colombiana, falta ver si Gustavo Petro es capaz de mantener aglutinado a un electorado diverso, perteneciente a partidos diferentes y sin partido. Para hacerlo deberá demostrar que puede ejercer una oposición efectiva, como hizo el expresidente Álvaro Uribe en la administración anterior. Es muy posible que lo haga por el alto nivel de polarización que se mantiene después de elecciones, y que parece seguir alimentando el partido Centro Democrático, y por el hecho de que la figura polarizante de Álvaro Uribe sigue dominando la política nacional.
Lo que viene es una puja fuerte entre el Gobierno y Gustavo Petro en diferentes escenarios. Uno serán las elecciones regionales, en que Sergio Fajardo y la Coalición Colombia, por una parte, y Petro por la otra, tratarán de mantener los éxitos de las presidenciales en las principales ciudades, excepto Medellín, y en el Pacífico y el Caribe.
Otro espacio será el de la protesta social y los movimientos sociales. El presidente Duque pretende competirle a Gustavo Petro con sus enormes capacidades de acercamiento a la gente. Sin embargo, la capacidad para generar puentes con los sectores sociales dependerá más de las políticas públicas, especialmente las reformas en materia de impuestos, paz, pensiones, etc. Los nuevos consejos comunitarios serán un arma, pero falta ver si le servirán a Duque para manejar a sectores como indígenas, afros, comunidades en contra de la minería, etc. Otro escenario para medir fuerzas será la capacidad del Gobierno de pasar reformas impopulares por el Congreso, en donde Petro podría forjar alianzas inéditas con partes de la coalición mayoritaria.
La gran pregunta es si se dará en el terreno del populismo: el Gobierno acusando a Petro de populista, éste acudiendo a dividir entre pueblo bueno y élites “corruptas”, pero sobre todo, si el uribismo buscará mantener el populismo de derecha. Ante una crecida opositora de Petro frente a reformas impopulares, o ante una caída de popularidad presidencial, seguramente acudirá a lo que sabe hacer. Sin poder infundir odio contra las Farc y Santos, acuñaría un nuevo enemigo: la inmigración venezolana, que le garantizaría el favor de los sectores más humildes, especialmente de la periferia del país.