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Las labores para rescatar los restos y la caja negra del avión Airbus de Air France marchan lenta y trabajosamente. Mientras tanto, la tarea de descifrar qué sucedió esa noche del 1 de junio cuando la aeronave cayó al Atlántico está hoy en manos de los médicos forenses, quienes han comenzado a analizar las condiciones en que murieron las 43 personas cuyos cadáveres han sido recuperados hasta ahora y llevados a una base militar de Recife, Brasil.
Según lo reveló ayer la revista brasileña Veja, tras entrevistar a varios de los peritos y doctores que adelantan las primeras autopsias, el avión no se desintegró ni explotó en el aire. Al menos, la hipótesis ha sido descartada por ahora, tras descubrir la manera como murieron las víctimas encontradas. De acuerdo con los médicos, los pasajeros fallecieron rápidamente debido a la despresurización del avión y la exposición al aire de las capas superiores de la atmósfera. Ninguno de los cuerpos tiene signos de quemaduras o fracturas totales de su estructura ósea, señales que habrían demostrado la hipótesis, surgida a finales de la semana pasada de que el avión explotó en pleno vuelo.
“Serán necesarios más exámenes para evaluar el estado de los órganos internos de los cuerpos, pero las lesiones sugieren que las víctimas estaban sentadas y que el avión podría haber chocado violentamente contra el mar”, afirma uno de los forenses entrevistados, cuya identidad no fue revelada por el magazín.
Los equipos de rescate han recuperado del mar hasta ahora 49 de los cadáveres, 43 de los cuales ya fueron trasladados hasta el Instituto de Medicina Legal de Recife, en donde son analizados por una fuerza operativa especial creada para los trabajos de identificación. Otros seis cadáveres se encuentran en manos de la armada francesa, en un navío que ayer continuaba con la búsqueda.