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“Quien me dé la oportunidad de trabajar por la educación, la cojo”, dice Isabel Segovia, la sorpresiva fórmula vicepresidencial de Enrique Peñalosa. Reconoce que nunca ha tenido militancia política y está convencida que la apuesta es no a la política tradicional y sí al tema técnico, a una opción diferente apartada de la fastidiosa polarización que hoy vive el país entre santismo y uribismo. En diálogo con El Espectador, Segovia plantea la esencia de su propuesta en materia educativa y responde a los cuestionamientos que le hacen, incluso desde la misma Alianza Verde.
En su partido cuestionan el hecho de que nunca estuvo en él…
Mi designación se da porque Enrique Peñalosa lo que quiere es una persona no política, completamente técnica, que haya tenido una trayectoria profesional de pocos cuestionamientos, y porque quiere darle un énfasis a un tema que ha sido de mi corazón: la educación. Mi partido político es la educación.
Pero usted fue viceministra de Educación con Uribe, ¿en qué se diferencia esa labor con lo que propone ahora Peñalosa?
Estamos en momentos distintos. Estuve con la que considero ha sido la mejor ministra de Educación que ha tenido el país, Cecilia María Vélez. Pero ni soy uribista ni soy antiuribista, y así como no he sido de la Alianza Verde, tampoco estoy en contra de ella. Obviamente siempre he sido muy peñalosista. Y al gobierno de Uribe le reconozco haberle dado una cierta importancia y continuidad al tema educativo, pero no hizo de él algo prioritario. Y para nosotros eso se tiene que volver un asunto de la entraña de la gente, ahí hay una gran diferencia.
¿Y frente a la propuesta que ya hizo el presidente Santos, en qué se va a diferenciar?
Siempre he dicho que en educación no hay nada revolucionario, lo que hay es que hacer las cosas bien. Creo que Santos finalmente se está dando cuenta de que la educación es prioritaria, e independientemente de que pueda armar un programa muy similar, me parece que ya estamos cuatro años más tarde.
¿Cuál es la esencia de su propuesta?
La propuesta es completamente integral, desde la primera infancia hasta la educación superior. Hay que continuar con una política de expansión y de mejoramiento de la calidad en la atención en la primera infancia y para eso hay que institucionalizar esa política porque hasta hoy nadie es dueño de ella: está en una oficina de Presidencia, pasa al ICBF y luego al Ministerio. Esa institucionalidad va amarrada al tema de la financiación, que debe ser constante y permanente. Una vez se logre eso, el énfasis en una segunda etapa debe estar concentrado en el tema docente.
¿De qué manera?
Hay que mejorarle las condiciones al magisterio, pero no solo las económicas, sino de reconocimiento, de formación, de evaluación, de acompañamiento, de selección, de que la carrera vuelva a tener un prestigio y la gente se sienta orgullosa de ser profesor, de que las facultades de educación, que hoy son desastrosas, logren enseñarles algo a esos muchachos. Eso tiene que ir acompañado de otras cosas, como por ejemplo el tema de ir ampliando la jornada, el del mejoramiento de la infraestructura escolar, etc.
¿Y frente a la educación superior?
El objetivo es que los muchachos salgan bien preparados, porque lo que está pasando es que las universidades los reciben tan mal del colegio que tienen que compensar esa preparación. Hay que democratizar el acceso a la educación superior y eso implica más financiación, más becas y un mejoramiento de todo el sistema de aseguramiento, pues no es solo ingresar a la gente a las carreras técnicas, tecnológicas y profesionales, sino que ingresen a carreras pertinentes, es decir, que no se sigan abriendo programas que no se necesitan o donde tenemos sobrepoblación
Usted lideró un proyecto de formación de maestros, pero el cuestionamiento que se le hace es que no los tuvo en cuenta…
Eso no es cierto. Lo que se hizo fue un estudio en la Fundación Compartir — con el apoyo de las universidades de los Andes, del Rosario y Rand Corporation— con un diagnóstico muy juicioso de cómo está la educación en el país, particularmente los decentes, y una evaluación muy juiciosa de qué fue lo que hicieron los países que tienen los mejores sistemas educativos y hace unas propuestas concretas. Y siempre tuvimos docentes sentados hablando y validando el tema. Pero yo creo que lo importante es que a los docentes no tenemos que convencerlos de nada, pues ellos son el eje estructural de la calidad y trabajan por la educación. A los que tenemos que convencer es a los demás, a las personas que todavía no entienden que es a partir de la educación que podemos tener una sociedad mucho más justa, igualitaria, ambientalmente sostenible, donde haya convivencia, nos podamos reconciliar y podamos encontrar la paz.
Mucho se habla de una reforma a la Ley 30, ¿qué se plantea?
Hay un tema de redistribución de recursos que es muy complejo. Los datos no son actuales pero reflejan cómo el sistema de educación superior público distribuye la plata: la Universidad del Tolima recibe $800 mil por estudiante-semestre de transferencias de la nación, y la Universidad Nacional recibe $10 millones. Es cierto, la Nacional es una institución prestigiosa e importante que debería estar liderando la educación pública colombiana, pero si se va a democratizar la educación superior hay que meterle recursos a todas las universidades en las regiones. Claro, la plata nunca es suficiente y además de hacer un proceso redistributivo de los recursos del Estado, pienso que la financiación mixta, la que produce conocimiento y que la financian los privados, es completamente viable.
¿No cree que vendrán cuestionamientos muy duros de estudiantes y profesores, pensando en que ellos siempre han atacado las reformas que se proponen, como de que la financiación sea mixta?
No creo que vaya a ser así porque estamos hablando de aumentar una financiación importante del sector público, de inyectarle más recursos al sector. De lo que se trata es que los recursos de funcionamiento deben estar garantizados y los de inversión, gracias por todos los que vengan. Claro, estaría de acuerdo con los estudiantes si estamos dependiendo de contratos para financiar las nóminas, eso no puede ser así. Pero si estamos dependiendo de contratos para producir más conocimiento y para generar más cosas, eso funciona. Hay que buscar es una bolsa común para obtener muchos más recursos.
Otro cuestionamiento que se le hace tiene que ver con el concepto de ánimo de lucro en la educación superior, ¿cuál es su postura?
Ese es un debate muy interesante y creo que fue muy mal manejado y presentado. El tema de los recursos privados en la educación superior existe hace mil años, pero lo que está pasando es que, disfrazando todo este sistema de sin ánimo de lucro, hay millones de dueños de universidades lucrándose sin fin. Hacen negocios como construir los edificios y los arriendan a las universidades a precios monumentales. Lo que hay que hacer es evidenciar y hacer transparente el flujo de recursos privados en la educación superior: que se pueda regularizar, cobrar impuestos, que se devuelvan a la educación pública, etc. Pero más allá de eso, la Ley 30 claramente tiene que cambiarse y la finalidad de ese cambio debe ser más recursos, pues los que se dan hoy no son suficientes. No podemos democratizar la educación si no hay más plata y un mejoramiento estructural al sistema de calidad.
¿Cómo disminuir la brecha entre la educación rural y la urbana?
Ese es un tema clave que se junta con el de la paz. Los niños en el campo son atendidos casi el 50% por modelos educativos flexibles, los cuales hay que estar mejorando constantemente, tienen que tener acompañamiento, formación de docentes, materiales. En lo rural, las infraestructuras son terriblemente malas. Y hay que lograr acercarles mucho más la escuela a los niños. Todo eso es adicional al tema docente, donde hay que motivar a los mejores profesores a irse a zonas apartadas por períodos de tiempo de tres o cuatro años. La idea es tener una política de estímulos, becas, sobretasa a su salario significativa, que después puedan escoger una ciudad, para que logremos que en esas zonas tengamos los mejores docentes.
¿Cómo encuadra el tema de la educación en el de la paz?
El reto es enorme porque es a través de la educación que se debe formar a esas personas posiblemente desmovilizadas, que están buscando oportunidades diferentes. Si uno quiere lograr una verdadera paz, no es sólo con la firma de un papel sino que tiene que tener una estructura social liderada por el Estado, donde haya programas específicos que logren acomodar la gente. Y para eso el sistema en general tiene que estar muy robusto.
¿Qué les responde a quienes dicen que Peñalosa es el caballo de Troya del uribismo en la campaña?
Pues yo veo a Peñalosa muy contundente diciendo que no va a alianzas y que esta vez sí va a ser la alternativa. Y le creo.
¿Usted le cree a las encuestas?
Como no sé nada de política, tengo que creerles. Lo que interpreto de eso es que efectivamente los colombianos quieren cosas diferentes y están buscando alternativas porque están cansadas de esa polarización y de esa cansona peleadera.
¿Por qué no hay que reelegir a Santos?
Porque pensó cuatro años muy tarde lo del sector educativo. Creo que el tema de paz hay que estar firmes, agarrados de la mesa, y reconozco que Santos se ha dado pelas en el tema de restitución de tierras, en la ley de víctimas. Pero por ejemplo, el tema de ambiente es un desastre, la locomotora minera lo único que ha hecho son daños, y en salud se ha hecho un esfuerzo, pero falta mucho.
¿Cómo enfrentar los hechos terroristas que aún cometen las Farc?
Es claro que una cosa es la firma de un acuerdo y otra es la paz. Lo que no estamos viendo es paz todavía y estos últimos acontecimientos nos lo están demostrando. Y creo que van a seguir pasando cosas si no hay un proceso realmente robusto de pacificar el país, no la firma de un tratado con un grupo guerrillero.
¿Usted les cree a las Farc?
Sí, creo que hay que creerles porque es que si uno se sienta a negociar algo y no le cree a su contraparte, pues no logra nada.