Hollywood, las secuelas del dinero

Toby Emmerich, presidente de Warner Bros. trazó la hoja de ruta para el futuro del estudio cinematográfico en el que las franquicias serán el foco central. Los directores y proyectos que no tengan en sus planes hacer secuelas no serían tenidos en cuenta.

Para James Mangold, director de “Logan”, las películas de alto presupuesto a las que se dedica Hollywood no son otra cosa que “trailers de dos horas sobre otra película que se venderán en dos años”.  / Cortesía
Para James Mangold, director de “Logan”, las películas de alto presupuesto a las que se dedica Hollywood no son otra cosa que “trailers de dos horas sobre otra película que se venderán en dos años”. / Cortesía

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Hace décadas que Hollywood está enfermo, se contagió de secuelitis. Esa es la razón por la que Michael Bay sigue haciendo películas de Transformers. Nada ha cambiado entre la primera entrega de la saga y la quinta que acaba de estrenarse. Explosiones, robots, explosiones, carros de lujo, explosiones, acercamientos con la cámara a la Megan Fox de turno, y más explosiones. Sin embargo, Transformers logró tener cinco entregas porque es una película comercialmente muy rentable debido a la venta de mercancía y eso es lo que está buscando Hollywood: rentabilidad.

El año de 1975 cambió el cine para siempre. Tiburón, de Steven Spielberg, marcó un hito en la industria cinematográfica y cultural al recaudar US $100.000.000 en boletería en Estados Unidos. Nadie esperaba que se pudiera hacer eso con una película, desde entonces los estudios cinematográficos se sumergieron en la mentalidad blockbuster (superproducciones taquilleras) en búsqueda de un nuevo Tiburón.

Los estudios apostaron por las producciones que significaran grandes éxitos comerciales. Se inauguró la época de estrenos de verano y pronto, en la década del noventa, los conglomerados empresariales se encargaron de exprimir hasta la última gota del jugo de estas superproducciones volviéndolas secuelas. Varias veces.

A comienzos del nuevo milenio las ventas crecieron de manera imparable, pero la creatividad en el cine se redujo. Las ofertas en cartelera semana a semana comenzaron a venir de las franquicias, unas bastante exitosas como El Señor de los Anillos, y otras que fueron un fracaso rotundo, como las secuelas de Tiburón.

Existe una amplia lista de “segundas partes” que nunca debieron salir a la luz (Bambi II y El hijo de la máscara ocupan los primeros lugares). Hay historias que merecen ser contadas solo una vez. Así como también hay otras que apropiadamente se extendieron más de un capítulo. El miedo de algunos cineastas y cinéfilos era que Hollywood se concentrara solo en las franquicias y dejara de lado otras producciones, o que quisiera meterse en el proceso creativo de los directores y darle una secuela a todo. Parece que el temido momento ha llegado.

Toby Emmerich, el presidente de Warner Bros., uno de los estudios más importantes del mundo cinematográfico, ha anunciado que el estudio evitará a los directores que hagan corte final en sus películas, es decir, los que pongan un punto final en la última escena. Dramas, comedias románticas y otras producciones de “mediano calibre” se verán afectadas, ya que la prioridad serán los proyectos que constituyan franquicias de las que puedan desprenderse jugosos beneficios comerciales.

Warner Bros es reconocido por montar poderosas franquicias, como Harry Potter y la trilogía de Batman. Esta última ha sido calificada por la crítica como una de las mejores sagas de la historia, con actuaciones estelares y una dirección cristalina que sirvió para que El caballero de la noche se convirtiera en una referencia de culto. Esto demuestra que las secuelas no son algo perverso y que de ellas se pueden desprender tanto el éxito comercial como el artístico. El problema es cuando las secuelas se llevan al exceso y eso es precisamente lo que se ve en estos días.

La noticia de la semana es la confirmación de una secuela de la Mujer Maravilla, recién estrenada en junio de este año. Tras el rotundo éxito comercial y en las críticas del Universo de Marvel Comics, Warner Bros decidió por apostar al Universo de DC Comics. El resultado hasta ahora ha sido agridulce, pues las críticas dejaron por el piso a Batman vs Superman y al Escuadrón Suicida, pero alabaron a la Mujer Maravilla. El hecho de contar con una mujer en la dirección de la película ha ayudado a que reciba más ovaciones.

Pero las franquicias no garantizan buenos números en entradas. Según Vanity Fair, el año pasado se registró un record con más de 30 secuelas estrenadas en el año, y a su vez se registró el menor número de entradas por habitante en 100 años. El éxito reside en la mercancía que se mueve alrededor de las franquicias.

Warner Bros venía trabajando, como los demás estudios, en una mezcla entre la oferta de secuelas y películas de mediana y baja escala. El año pasado de sus 20 películas 6 fueron franquicias (Batman vs Superman, La barbería 3, La leyenda de Tarzán, El Conjuro 2, Escuadrón Suicida y Animales fantásticos y dónde encontrarlos). A la par de estos proyectos salió la comedia The Nice Guys y el drama Sully. Pero tal parece que estas historias se verán recortadas por el interés del estudio con las franquicias. Desde ya se apunta a una película que relate la historia de amor entre Harley Quinn y el Joker de Escuadrón Suicida, así la película inicial de la que se desprende esta secuela se haya ahogado en una mar de críticas negativas.

El interés de Hollywood es plenamente comercial, la intención es sacarle el mayor provecho a personajes e historias al punto de desgastarlas. Es la razón por la que Spiderman se ha rodado tres veces con diferentes actores. En Disney, Toy Story cuatro para muchos ya representa un exceso en la historia, y Universal y Fox obligan a los personajes secundarios con algo de carisma a tener una historia aislada, inoportuna, e insípida, que destruye el cariño que se le tenía a esos personajes, como es el caso de Los Minions y Los pingüinos de Madagascar.

Para James Mangold, director de Logan, las películas de alto presupuesto a las que se dedica Hollywood no son otra cosa que “trailers de dos horas sobre otra película que se venderán en dos años”. Tiene razón, y no solo son trailers, también son comerciales que muestran la mercancía que estará próxima a venderse. Las cintas de ahora son el simple preámbulo de lo que se viene en dos años con los mismos personajes. Desde hace tiempo los productores de Hollywood señalan que hubo un cambio en el proceso creativo que le daba luz verde a las películas. Antes se sentaban dos o tres personas a decidir si un proyecto pintaba bien y le daban aprobación, ahora hay más involucrados, quienes piden u ofrecen participación en las películas por dinero.

Lo interesante en las películas de Hollywood de ahora es que no son películas sino mercancía. Así es como lo ve el presidente de la Warner Bros y otros ejecutivos que desde ya le están cerrando las puertas a los directores que quieran experimentar con algo diferente.

Eso sí, habrá excepciones. Tanto Christopher Nolan como Clint Eastwood podrán manejar los proyectos a su antojo. Nolan parece ser de los pocos que entiende la balanza entre los intereses comerciales y artísticos. Su nueva película, Dunkirk, ya es catalogada como un clásico del cine por diferentes sectores de la crítica mundial, y ya lo postulan a ganarse su primer Oscar. Ha sido su proyecto más ambicioso, trabajó con una obsesión pasional porque esta fuera su mejor película y lo ha conseguido. Su trabajo ha mantenido el estándar de originalidad que lo caracteriza desde Memento y su obra denota un esfuerzo por despertar sorpresa en los espectadores. Pero por otro lado, se nota que ha cedido terreno en el aspecto comercial. La integración de la estrella juvenil Harry Styles muestra que el afamado director británico también se preocupa por complacer los intereses lucrativos de los productores. Vincular a Styles atrae a un sector muy grande debido a la fanaticada del cantante, y por supuesto esto significa más dinero recaudado.

Hollywood se está dando una ducha tibia, está en su estado de confort en el que su apuesta no corre riesgos. Las franquicias le garantizan dinero y cualquier trabajo muy artístico es riesgoso para sus bolsillos. Darle paso a las franquicias es ir a la fija aunque no sea lo mejor para el arte. Pero ya ha cruzado una línea al meterse en el proceso creativo del director y decidir cuándo se le da cierre a una historia.

Chris Anderson, editor de la revista Wired, escribió que una sociedad que hace fila solo para esas películas de taquilla es una sociedad limitada. Una película será un éxito en taquilla solo en la medida que se hagan filas por ir a verla, ese será el punto de referencia. Es momento de hacer fila por otro tipo de películas de corte independiente. Hollywood, se volvió una secuela del dinero en el cine.

Estamos en la era de las franquicias, adaptaciones y remakes del cine, no porque a los directores se les haya agotado la genialidad -Damien Chazelle hizo Whiplash y La La Land en menos de dos años- sino porque los estudios solo nos ofrecen una desgastada propuesta comercial. El cine de hoy funciona con calculadora: se multiplicó la mercancía, se dividió el cine entre los intereses artísticos y los intereses comerciales, se restó originalidad, y finalmente, se sumó la política. Hay muchas cosas para hablar sobre el cine actual, pero eso amerita una segunda parte.

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