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¡Corrupción, basta ya!

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Cuando se nace en familias levantadas a punta de esfuerzo y trabajo, luchados con el perrenque genético que caracteriza a cada colombiano, nato y decidido, en la mayoría de los casos no se tuerce por los piropos de una enfermedad llamada corrupción que corroe la esperanza y diluye el sentimiento de libertad por hacer lo bueno.

Cantidades exageradas de dinero, con el cual se podría curar o al menos mitigar la escasez, la inequidad, la falta de educación, la necesidad de vías terciarias, harían de Colombia un país diferente con un tratamiento al menos a mediano plazo mientras se logra un cambio de mentalidad. Ese pensamiento malintencionado en algunos casos, malinterpretado como viveza, es lo que no permite ver al prójimo como un igual sino como una oportunidad para ganar beneficios sin importar los daños y las secuelas.

Estamos en un país donde ganar dinero a cualquier precio, con poco o mínimo esfuerzo, es una propuesta tentadora para muchos, pero equivocada para todos, pues lapidamos un futuro que ya es incierto donde promover una mentalidad de cambio hacia la honradez y el esfuerzo es casi que imposible. Somos víctimas de un proceder de pocas masas que visten de transparencia y buen actuar, lobos vestidos de ovejas que traicionan y burlan la mente de grandes masas, que abusan del perrenque diario para tener con qué comer sin entender que hace muchos años existe una deuda con el pueblo.

Esa deuda por promover lo bueno, lo honesto y lo justo está aumentando cada día. La intención de cumplir con promesas transformadas en guiones cada cuatro años es una mentira que ya se digiere sin tapujos ni penas. Justificamos ese mal proceder de quienes deben funcionarle al pueblo, con la vil excusa de ser una enfermedad con la que ya se convive.

Corrupción, Colombia te exige ahora más que nunca un exilio perpetuo para que arranques tus raíces de la mentalidad conjunta de un pueblo que pide cambio y oportunidades a gritos. Es tiempo de un despertar conjunto que vaya más allá de partidos, grupos o líneas de pensamiento que ya perdieron la cordura y sólo piensan en beneficios que masacran de fondo al país y a su gente que en algunos casos migra a otros países en búsqueda de valores y garantías que en Colombia están casi extintos.

Esto no se trata de uno solo que piensa diferente y desea un país mejor, se trata de todos, de una base sólida llamada pueblo, llamada nación, llamada Colombia, que exige lo mejor para sí, una base hecha con los mejores materiales para que jamás vuelva a caer en el vacío sin fondo llamado corrupción.

José David Casallas Carrillo. Manizales.

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